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sábado, 12 de febrero de 2011

Orales y laborales

          Mónica Lewinsky ha fundado su nueva congregación religiosa bajo el nombre de Orden de las Hermanas Mortificadas Becarias de la Santa Succión, cuyo lema, inspirado en el "ora et labora" benedictino, reza: "Orales et laborales". Sus estatutos y régimen interno no se han manifestado públicamente por escrito, pues se declara estricta seguidora de la tradición oral.


          Ha desechado definitivamente la primera opción de denominarlas Legionarias del Amor de Cristo, porque en Méjico ya circulaba algún corrido donde, bajo el título de "Las Legionarias del Amor" a secas, el estribillo, en boca de un tal Maciel, declaraba: 


Órale, órale, ándale, ándale,
que llegan las genuflexionadas
y reventándome el tabernáculo
tengo la forma sagrada."

          Su hábito talar, de blanco inmaculado, luce un espectacular escote palabra de honor, desde cuyo balcón puede uno asomarse a las turgencias de un pecho traspasado por los divinos arrebatos.


          Una única distinción se aprecia en su austero hábito, una mancha difusa y misteriosa, producida por una emisión indeterminada, situada en centro del pecho, pero que solo se obtiene una vez superadas todas la pruebas del noviciado.


          Ana Botella de Aznar, al conocer la noticia, ha declarado que piensa darse de baja en los Legionarios de Cristo (demasiada testosterona), dejar a Aznar, que, por su parte, ha ingresado en los Reverendos Padres Abdominales, y abrazar ("o lo que sea") esta cosa ("o lo que sea") tan interesante, adoptando el nombre religioso de Ana Lyoral, renunciando así a la Botella (la denominación de origen) y subrayando, de este modo, su bocación (de boca) de servicio (de ser vicio).


          Por lo pronto ya han anunciado una peregrinación hacia Santiago para recabar postulantes. Por el camino francés, por supuesto. Y, como era de suponer, desde el primer momento han levantado una ola de simpatía y otras cosas.


          De hecho, los propietarios de ciertos coloristas locales de la carretera de Burgos han reaccionado convocando protestas, y jornadas de piernas abiertas, ante lo que consideran intrusismo intolerable por parte de la Iglesia. "Hasta ahora la competencia era solapada, pero hacerlo abierta y descaradamente resulta intolerable" y "lo que nos faltaba después de la Ley Anti-tabaco, putas monjas" declaraban indignados.


          La Santa Sede mantiene, por el momento, un silencio que no se sabe si interpretar como una reprobación o un respaldo tácito, dado que no están los tiempos para desaprovechar vocaciones y puede que se considere la posibilidad de que en algún sitio, que no sea la cárcel, haya que meter tanto rijoso y pederasta, una vez sean desarticulados los Legionarios de Cristo y la Iglesia Irlandesa en pleno.

jueves, 13 de enero de 2011

El Hundimiento III


Máximas mínimas para comprender el catolicismo y otras yerbas. Comprimidos masticables.

1.- Dios no es nada del otro mundo. El jefe creó a dios a su imagen y semejanza. El jefe de la tribu.

2.- En esencia son más romanos que todo lo demás (cristianos, católicos o apostólicos) De aquellas hogueras del Imperio Romano nos quedan estas pavesas. La iglesia sueña la nostalgia de un pasado evaporado, pero representa, en el imaginario de algunos, un imperio, que ya es cenizas, y que, sin embargo es el último bastión contra los bárbaros, contra los infieles, contra las tinieblas.
Aunque no deja de ser el sueño de un cerebro reptiliano atemorizado ante lo ajeno, ante lo nuevo, ante lo incierto.
El papa, ese emperador con galas de Fumanchú, y su domesticado senado cardenalicio al frente de los ejércitos del señor.



3.- De la iglesia no quedan sino los restos de un naufragio, una tabla de salvación en forma de cruz.

4.- Sus ruedas de prensa, alocuciones, encíclicas y pronunciamientos públicos, que lindan con la desfachatez, no dejan de ser berrinches inquisitoriales, pataletas doctrinarias.
Más que aludir a ellos como noticias deberíamos ser más exactos y encuadrarlos como hallazgos arqueológicos, Pompeyas del Mundo Antiguo, como raros especímenes de fósiles ideológicos. Celacantos del conocimiento.

5.- Su denodada contienda contra idolatrías, brujerías, herejías, magias potagias, politeísmos, etc, no ha pretendido tanto salvaguardar un criterio razonable, como ejercer un monopolio mundial de la superchería, acogiéndolas en su seno. En realidad, todas la misas son negras.
Aquelarre según San Mateo- La que emite luz propia es Mme. Curie. La misma que nunca más se pudo peinar. Luego Einstein imitó el look radiactivo.

6.- La credulidad no es la hermana de la credibilidad, no es siquiera la hermanastra. Es la prima.

7.- Prefiero mil veces las medias verdades susurradas por la ciencia, que las completas mentiras proclamadas por la iglesia.

8.- No lo hay, no lo busques, no hay "Catolicismo bajo en tonterías". Los pensadores cristianos, cuando resuelven el oxímoron, dejan de ser una cosa o la otra.

9.- Cuando hablan de la "cultura de la muerte", me zumba en el oído "muerte a la cultura". Me echo a temblar sólo de pensar que el paso consecuente es: "cuando oigo la palabra cultura echo mano a la pistola"(Hanns Johst, atrbuída a H. Goering).

10.- De todo lo anterior: El saber se acumula, la estupidez se amontona.


11.- Siendo benévolos: La teología es la falsificación barata del pensamiento. Es la cultura de mercadillo. El olor de santidad no es mejor que el Thierry Mugre o Dolce Galvana. ¡Hay de verdad órganos colegiados que estudian supuestas intervenciones divinas! ¡Olor de santidad, a puerta cerrada!

12.- Siendo realistas: La teología es un pesticida de la ciencia.

13.- La pederastia se ha acogido a sagrado. Evidentemente ser religioso, monje o sacerdote no te convierte en pederasta, hasta ahí podíamos llegar, pero ayuda bastante.
Abuso de menores, abuso presupuestario, abuso legal, abuso de poder, abuso mediático, abuso pedagógico.




Precaución: Manténgase fuera del alcance de los niños.



14.- A fuer de sincero, me pasa como a la teología, siempre encuentro una razón para cometer una estupidez. Me voy a fumar un cigarro mientras lo pienso.


15.- La respuesta está en el viento. Pero en el viento fresco.


          No quiero terminar sin dar cabal explicación al título de la serie.
          No caeré en la tentación de realizar la reductio ad Hitlerum, (por facilón) sino en su faceta más cómica. Aunque parece que lo ponen a huevo: su dignidad eternamente atacada (por no poder atacar), con su temor atávico a lo desconocido, la exaltación de su identidad, su gusto por la escenografía de masas, llena de pasiones desbordadas, de jóvenes convenientemente rubicundos y alcanforados, mensajes repetitivos (2000 años repitiendo la misma mentira, la convierte en un cuerpo doctrinal), irracionales, delirantes, esotérico-apocalípticos (con similar credibilidad que el calendario maya), conspiranoicos,  etc...A estas alturas de la película parece una gigantesca tomadura de pelo.
          "El Hundimiento" hace alusión a la los vídeos basados en el corte de la película del mismo nombre subtitulados de forma más o menos ocurrente y que circulan por la red, que me recuerdan la pataleta episcopal nuestra de cada día, ante un hundimiento que ya se ha producido, aunque a muchos todavía les produzcan cierto temor los anuncios de reconquista, y aunque queden todavía muchos búnkeres que desalojar.
          Sin querer subestimar el empuje de lo irracional donde navegan, el poder que todavía acumulan, ni minusvalorar el daño que se producen a sí mismos, a sus adeptos y a quienes todavía pueden sojuzgar, dan la impresión de boxeadores sonados balbuceando victorias olvidadas en un mundo que ya no es el suyo.

          Cualquier día aprendo a poner subtítulos

martes, 4 de enero de 2011

El Hundimiento II


El sexo no es el problema, el problema es el abuso


          Y me he contenido, porque en estos lances me considero un simple amateur y voy de equipo visitante. A nadie se le escapa que la iglesia mueve sus peones como Kasparov sobre el tablero, ni es ningún secreto que llevan traficando 2000 años con demagogina en estado químicamente puro: su piedra angular, un dios que no existe, susurra unas revelaciones en clave, a unos clérigos que nos las interpretan e imponen bajo amenazas, humillaciones y desprecios, soportados con la lejana esperanza de una vida más allá de la muerte, promesa cuya credibilidad oscila entre la credulidad del que las abraza y el cinismo del que las propala.

Cardenal Tarsicio Bertone
          Uno de mis juegos solitarios más apasionantes (no, ese no, otro) consiste en constatar cómo los diversos príncipes de la iglesia echan balones fuera del convento cuando se trata de hablar de sexo intramuros, llegando a ofrecer argumentos absolutamente delirantes, aunque acordes con su particular forma de raciocinio, como el de que son los servicios secretos del lobby homosexual infiltrados con la misión de desacreditar a la iglesia, los que perpetran dichos delitos.

           Ya, y por eso, en vez de desmantelar la conspiración, son felicitados cuando logran mantener los abusos en secreto y a sus autores alejados del código penal.

Obispo Demetrio Fernández
          O, riza que te riza el rizo, denuncian la maléfica conspiración de la Unesco (¿por qué la Unesco y no Pixar, p.e.?) para convertir a media humanidad en homosexual, jocundo dislate que consigue que permanezcamos atentos a las pantallas a la espera de nuevas entregas en esta descabellada carrera de disparates sin fin. Creen tan poco en la libertad humana para regir su propio destino como mejor considere, y han ejercido su poder omnímodo doblegando voluntades y conciencias, que pasan los días, de claro en claro, y las noches, de turbio en turbio, considerando qué fuerzas ocultas y poderosas se oponen a su imperio sin acertar con la más obvia: La Libertad.

          Y es que les encanta hablar de sexo, casi diría que se deleitan en ser acusados de diversos delitos relacionados con él porque les da la oportunidad de obtener el eco necesario para porfiar en sus represiones y demonios, y se recrean en los aspectos que a ellos les parecen más escabrosos y escandalosos, más decadentes, antinaturales, depravados, degenerados y envilecidos. Y logran así asociar "sexo" con su particular y enmohecida concepción.

Eclipse de Abuso
          Y esto al tiempo que crean una conveniente cortina de humo sobre el asunto principal, pues, en la expresión "abusos sexuales", el centro de gravitación son los abusos, y no el adjetivo, "sexuales". Centrar la atención en el sexo, (sí, !con lo que mola!) es errar el blanco. Fundamentalmente porque no hay nada intrínsecamente malo o sucio en el sexo, como nos quieren hacer creer, sino en el ABUSO (de menores, de ancianos, de mujeres, de discapacitados....)

          Por supuesto, están frontalmente en contra del sexo recreativo, del sexo como comunicación, del sexo como identidad, como conocimiento, del sexo como afirmación de la libertad y de poder disponer del mismo como cada uno lo estime conveniente, con respeto a los demás y dentro de la ley, y proponen como alternativa su uso exclusivo con una finalidad reproductiva, eso sí, dejando una zona muerta, tremendamente amplia, donde se santifica el sexo como dominación. Y no me refiero al inocente juego de amos y esclavos, me refiero a la dominación conyugal padecida y bendecida por la iglesia, por la que el hombre exigía sus derechos sexuales (débito conyugal) y otros de todo tipo, incluso usando la violencia en cualquier grado, incluida el asesinato "pasional", y sobre la que, hasta hace bien poco, pesaba un silencio ominoso, reclamando la "privacidad" (léase impunidad) para la escena del crimen. Algo curiosamente paralelo al caso que nos ocupa. Últimamente también intentan achicar balones en este asunto con conclusiones disparatadas, basadas en datos sesgados cuando no erróneos.

          Y todo responde a un mandato divino: Gen 1, 28, dice: "Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra" Cuya interpretación fundamentalista y literal, se ha cerrado en un geocentrismo, un antropocentrismo, incluso etnocentrismo, y una visión utilitarista del mundo, que ha justificado y respaldado lacras como el colonialismo, el desprecio ecológico, u otras, como la violencia machista o la pederastia.

          La explotación de la naturaleza hasta la extenuación para satisfacción del hombre, imagen y semejanza de dios, es prerrogativa concedida por éste, incluso cuando se trata de la naturaleza femenina. Siguiendo la oculta línea de puntos se llega fácilmente al derecho de abuso sobre los débiles, materia en la que la iglesia se ha ensañado particularmente, por ejemplo en la conquista de América, donde se ofreció a los nativos la disyuntiva de conversión o muerte, dándose el caso trágico de muchos que preferían inmolar a su familia y a sí mismos, antes que verles sometidos a la esclavitud.

          No quiero dejar de nombrar, aunque sea de pasada, la cantidad de mujeres, muchas de ellas monjas, violadas por misioneros a lo largo y ancho del mundo y de la historia hasta hoy, que ha llegado incluso a aquilatar la expresión "postura del misionero"(¿la recomendaban con el ejemplo?¿Qué significado metafísico tiene que el hombre esté encima?).
De misiones

Oblato en aprietos
          Porque, para la iglesia, la noción de sexo (como del resto de ámbitos) entraña dominación, sometimiento y silencio, al igual que ella misma, dicen, debe someterse a dios. En su manto de impunidad está inscrita la estrella de oriente que secundan/acechan los pederastas, los legionarios, las adoratrices esclavas, los estigmatinos y los pasionistas, los cruzados,  y bajo el que se encuentra el oblato, que en la Edad Media no era más que el niño que se ofrecía a una comunidad religiosa. ¿Como chivo expiatorio, como cabra legionaria?.  Es de todos sabido para qué sirve la cabra de la legión, aunque ésta sea de cristo.
Pon una cabra en tu vida

domingo, 2 de enero de 2011

El Hundimiento I


Un poquito de demagogia (merecida)

          Después de leer la noticia de que el nigromante mayor de Roma haya ordenado 61 sacerdotes presentados por los Legionarios de Cristo, la víspera del nacimiento del niño Jesús, he sufrido un shock y he requerido dosis masivas de omeprazol y calmantes para quitarme de la cabeza la idea de las intenciones lúbricas colectivas que pueda tener esta gente de lo que es el adviento. Tantos adultos, sobre los que recaen sospechas no demasiado infundadas, esperando el advenimiento de un niño en un pesebre, es como para llamar a los casco azules.
          No tengo muy claro que lo adoren o se pirren por sus huesitos, pero da la impresión de ser un espaldarazo a una declaración de intenciones inmundas hacia la infancia, a una institución fundada por un pederasta , Marcel Maciel, personaje particularmente siniestro que empezó a vivir en olor de santidad, y al final resultó que era perfume de mercadillo (eau de fritanga que atufa la beatificación de Juan Pablo II), y cuyos crímenes sólo han prescrito con la muerte (para novatos, la prescripción es la impunidad sobre los delitos mantenidos en secreto durante el tiempo suficiente), y cuyos miembros establecen una ley del silencio sobre las continuas denuncias que recaen sobre ellos. En el arte del secreto, que es el arte del encubrimiento, son maestros consumados, dignos discípulos de su santa madre. Ese es el primer mandamiento de la férrea fe a la que se aferran.
          La ordenación de los Legionarios me ha recordado a otra ceremonia (cere-de-monía-ca) por la que la reina Isabel, otra papisa rebosante de orgullo, pompa y circunstancia, entregaba las patentes de corso, que consistían fundamentalmente en ofrecer el respaldo legal a una piratería que ya operaba y que se utilizó como un cuerpo de paramilitares en una paraguerra (si vis pacen para bellum) contra el dominio español del Atlántico.
          Pero ya sean paramilitares, legionarios, piratas o corsarios, dicha ordenación está sugiriendo que el paraguas eclesial, la capa pluvial de la santa madre, va a mantener las tinieblas de la sacristía necesarias para la comisión de los abusos y su encubrimiento legal o mediático.
          Eso sí, se les pide que, por favor, retiren de los lugares públicos las fotos del fundador, palmaria, y póstumamente desenmascarado, sobre todo, aquellas en las que aparecía con Juan Pablo II (Juan Palo qué palo), y se les indica que sería conveniente una especie de abracadabra nominal o de refundación de los Legionarios. Traducido al manchego, el mismo perro, pero con distinto collar.
          Esto hay que entenderlo, a la vez, como una definición escrupulosa de lo que es la hipocresía, y como una estrategia de supervivencia para una iglesia católica en descomposición, cuyas filas, últimamente se nutren casi en exclusiva de lo más selecto del fundamentalismo y del integrismo ideológico, moral, económico y político. En resumen, religioso.
          Sinceramente me he llevado tal berrinche que he tenido la tentación del sarcasmo, de tildar, de forma demagógica y provocadora, a la iglesia católica de Federación Internacional de Pederastia Eclesial y Deportes Ocultos, la FIPEDO, también conocida por la PEDOFI. Los deportes sexuales ocultos deben ser primos hermanos de las ciencias ocultas, que también practican (transustanciaciones, encarnaciones divinas, milagros diversos, profecías, conversaciones con dios, resurrecciones, abducciones celestes, exorcismos, apariciones... algún día me propongo hacer la lista razonada y echarnos unas risas) fronterizas todas con la locura en mayor o menor grado y algunas directamente hermanadas con el bestialismo, como el presunto embarazo de una virgen por un ave (que sólo funciona como reductio ad absurdum para ocultar un mero adulterio). Claro que su voz radiofónica en España, la COPE, también puede tratarse de las siglas de Cómo Ocultar Pederastias Episcopales.
          La ordenación de los seminaristas daba la impresión de convertirse en la presentación del equipo olímpico de pederastia para Londres 2012, cuando se admita como nueva disciplina indoor, es decir sobre pista cubierta y encubierta. Y ahí querría ver yo a Gil Grissom siguiendo esa pista.
          Y así todo, pero les juro que me he contenido.

martes, 28 de septiembre de 2010

Triángulo desamoroso

    


1) Los seres humanos nacen, crecen, se reproducen, y matan.






     2) La única fe verdadera, genuina y auténtica, es el miedo. 




















Redacción de periódico carpetovetónico
Esto es virtud pero debería  ser ilegal           .


El resto no pasan de ser variantes y encurtidos.


     3) El miedo en la mente funciona como entropía (desorden mental), y en la sociedad como licaentropía (homo homíni lupus), de este modo regresamos al punto 1 como si nada.
     




El problema parece centrarse en que nos reproducimos sin licencia. Dios es marca registrada, y por la imagen y semejanza (Gen. 1:26-27), hay que pagar el canon.




Esto es pecado pero, por ahora, no ilegal

domingo, 26 de septiembre de 2010

¿Habemus Papam?!Hábeas Corpus!

Vivo en un país sin una ley de divorcio aplicable. Mi boda fue convenida por mis padres desde mi nacimiento. Las autoridades la bendijeron. Hubo varias ceremonias a lo largo de los años, de reafirmación y compromiso de los votos, a las que asistía con el irreflexivo alborozo que otorga el ser protagonista de las mismas. Hasta que, con el paso de los años, y a la par que fui cobrando conciencia de mi vida y tomando posesión de mis facultades mentales y volitivas, el ambiente se fue poco a poco enrareciendo. Al principio hubo sólo cariñosas admoniciones a recobrar la cordura y la inocencia, después vinieron las regañinas, desplantes y asambleas familiares con un único punto del día: hacerme entrar en razón. Más tarde las descalificaciones, humillaciones públicas y por último los castigos.


Por suerte, las leyes de mi patria, que presume de adalid de la libertad, me permiten dejar a mi marido y vivir fuera del ámbito de su influencia, pero sólo a cambio de permanecer en el más absoluto ostracismo y de guardar silencio. Pedir el divorcio es, en teoría, posible, pero el calvario al que se somete al solicitante es tal, que tiene que borrar el registro de sus pasos desde el nacimiento, uno a uno, y es el marido el que los otorga (o no) en tiempo y modo, y no hay tribunal que lo ampare, ni ley que lo contemple.


Evidentemente, en esta situación, no hay convenio regulador, la custodia la ostenta el marido, soy yo (sí yo) la que pasa la asignación al marido, mantiene a los hijos y tengo que ser la perfecta anfitriona, poner la comida, servir el té y recoger los platos, cuando al buen hombre se le ocurre pasarse por casa, porque tampoco hay régimen de visitas.


Si a esto se añade un pasado de malos tratos y abusos sexuales a menores, todo se vuelve endiabladamente inexplicable. Como podéis imaginar, vez de recibirle con unas pastas de té, me gustaría hacerlo con una orden de alejamiento, exigirle que me devuelva mis asignaciones y hacer que pague los retrasos y las indemnizaciones legalmente establecidas. Solo que es un hombre muy poderoso y no parece que haya ley que lo alcance.


No sé si me entienden, pero me casé con la Iglesia Católica y mi país es España.


Me bautizaron, hice la comunión, la confirmación y me casé bajo su manto. Ya sé lo que estáis pensando, que para entonces ya era mayorcito. Pero ¿acaso no puede uno cambiar de opinión? Y además, ¿no debería ser el casarse por la Iglesia una prueba lo bastante clara de padecer un trastorno mental transitorio por parte del contrayente, suficiente para la declaración de nulidad de dicho enlace?


Da lo mismo. Al no existir una ley que ampare la apostasía el solicitante ha de visitar uno por uno los registros desde su nacimiento hasta el tribunal de Rota (que ¿qué se me habrá perdido a mí allí?), en una penitente procesión por ventanillas y despachos parroquiales, para la que me imagino ataviado de Nazareno y con un cirio de medio metro, y en las que, junto con las demoras, recibiré admoniciones y amenazas de acabar por ese camino en el infierno (que existe o no, según, a temporadas, o a conveniencia).


Hay algo curioso que no quiero dejar pasar y es el hecho de que cuando uno empieza a desandar el pasado, una de las reacciones más comunes es achacar al solicitante sentimientos de revancha, ganas de levantar heridas, y remover el pasado, y que lo hace movido por el motor del resentimiento. No se puede enterrar al abuelo dignamente sin ser una persona poseída por el odio, ni iniciar las consultas para los trámites para borrarte del club, sin que te invistan con una medallita, pin o galón que ponga : "Mi pecho está henchido de rencor", y haya que presentarse con esa facha en las subsiguientes ventanillas.


Esta multinacional del alma te posee y se comporta, en esto, como una secta destructiva, o una compañía de telecomunicaciones, y resulta, de hecho, imposible borrarse (su dinero se llevan, claro)


Y como no hay una ley del divorcio, ni individual (ley para la Apostasía) ni colectiva (un estado laico sería una buena idea), están las cosas como están, que el Papa no sólo no pasa la asignación, sino que somos nosotros los que se la pasamos (Concordato), mientras aguantamos los insultos desde los minaretes de la Cope y así. Y en esta separación sin papeles, con delitos probados de pederastia y malos tratos ni siquiera hay un régimen de visitas, y viene cuando le da la gana porque todavía ostenta la custodia exclusiva, eterna y sagrada sobre nosotros. Nosotros que le pagamos los viajes y los vicios, y fregamos los platos cuando se va, prometiendo ser buenos.


No quiero que venga un señor a regañarnos.
¿Habemus Papam?!Hábeas corpus!


Solicito providencias tan justas como el establecimiento de medidas provisionales, asignación, régimen de visitas y pérdida de custodia.


Cuando por fin aterrice el Santo Padre, en vez de recibirlo su Majestad con la orquesta (a cargo del anfitrión), deberíamos hacerlo con el cobrador del frac, un portero de discoteca, o simplemente con el oficial del juzgado que le presente la orden de alejamiento, eso sí, después de probarle el dispositivo-pulsera tobillera antimaltrato para comprobar cómo combina con sus zapatos de Armani.


Que venga no me da la gana,
blanco y en sotana
(ha salido, no paloma, sino rana,
la fumata de San Pedro por la ventana).



¿De qué hablarán Su Santidad y Su Majestad? ¿De Sus Cosas? !Cuánto Misterio (glorioso)!!Cuánta Mayúscula!


!Cuántas preguntas sin responder! ¿Sería tan mala idea, deportar a Su Santidad, junto con el colegio cardenalicio y la conferencia episcopal, al estilo Sarkosy? ¿A dónde? ¿Por qué deportar gitanos rumanos y no arzobispos católicos, que, después de todo, han sido cómplices, encubridores y, a veces, ejecutores de delitos abominables? Y así todo. Pero otro día.


PD. Voy a abrir una consulta con la frase "no entiendo la vida sin..." Por ahora, ahí va la mía: No entiendo la vida sin analgésicos. Espero aportaciones.

jueves, 15 de octubre de 2009

Sufro, luego existo. 5 y última -Comedia y tragedia.

Por último, no es el latín sino el sufrimiento el lenguaje de la Santa Madre Iglesia. Sufrimiento que es un chantaje emocional a gran escala, un chantaje emocional de destrucción masiva, chantaje social, y un chantaje individual que se extiende globalmente por todas las rendijas de nuestra cultura, histórica y presente.
Y su mayor enemigo, más que la ciencia, la razón o la enciclopedia, era la risa, risa que un Felipe II, delirante en su lecho de muerte, llegó a prohibir. Recordad, por ejemplo, “El nombre de la rosa”. Don Carnal y Doña Comedia son los mayores enemigos del integrismo religioso, de la solemnidad, de la rimbombancia y la grandilocuencia. La sobrina de Rouco Varela prestó un servicio impagable a esta causa al posar como portada de Interviú, que porque nos lo han dicho, que si no, no le sacábamos el parecido y eso que estuvimos días enteros jugando a las siete diferencias con la foto de su tío, que no es que no parecieran de la misma familia, es que no parecían ni de la misma especie.
Bajo la sotana sólo encontramos ineptitud para vivir y amar. La rigidez de los planteamientos, la augusta seriedad de los rostros, la profundidad de la voz, la solemnidad de los ritos, la magna envergadura y elevada transcendencia que otorgan a sus pensamientos, y el desprecio que les merecen los ajenos, manifiestan su atenazada ineptitud para vivir. Amar es sencillo cuando se sabe y se vive, pero cuando su carácter estólido se lo impide, amar se convierte en una intricada urdimbre de silogismos metafísicos y farisaicos (como el de que el dolor es el “camino” al amor) que, al final, sólo ellos dicen cumplir. Las rumorosas y brillantes casullas son las corazas en su batalla contra la vida, porque están en guerra contra la vida, y las corazas no transpiran. Su propia vida languidece asfixiada en el interior de su torpeza. !Qué Tragedia!
Sufrir, para muchos, es en muchos casos, una forma defensiva e inútil de amoldarse, de que nos dejen en paz los dueños de la vida y la muerte, sin enfrentarnos a ellos y sin tener que dar demasiadas explicaciones. Es una suerte de camuflaje, como ir a un bautizo a regañadientes. ¿No ves que sufro? No me pidas entusiasmo. A veces sufrir es el disfraz de la fe, pero sin fe. Sin embargo el problema es que repetimos el esquema, que yace bajo la piel, es permanente y que uno no puede, así como así, quitarse la pena como quien se quita una gabardina mojada, y simplemente empezar a ser feliz.
El cristianismo resulta funerario y lúgubre como el Libro de los Muertos, apenas salió de las cavernas y ya estaba metido en la cueva de Platón, pasó por todas las catacumbas, y acabó en la cripta de San Pedro, más impresionante aún que sus alturas catedralizadas, gruta inversa, imponente condón de piedra, grito de piedra, fortaleza, muralla que lo aísla y defiende del mundo. El cristianismo es fotofóbico, eso sí con mucha vidriera de luz falsa y tamizada y un parnasillo de Capilla Sixtina que les pinto Miguel Ángel. ¿Qué se puede esperar de una religión cuyo cielo no es más que un cielo raso? Es agorafóbico, pues desprecia el ágora, y trágico, de tal manera que la historia alcanzará su catarsis en la hecatombe del último acto del Apocalipsis, del Juicio Final.
Pero en la vida, como en el porno, siempre ha habido por fortuna, dos géneros, a saber, la comedia y la tragedia. En la comedia se come, y en la tragedia se traga. En la tragicomedia, que es las más de las veces, se pueden ustedes hacer una idea.
La tragedia y la comedia se miden en grados Allen (por Woody). La tragedia está bajo cero grados Allen y la comedia sobre cero. Yo mismo, en vez de ponerme las tetas para mi cumpleaños, tengo implantado un comediómetro en el orto y ando vigilante de los niveles para que si me baja, aplicarme la terapia Groucho.
En la tragedia viven aquellos a los que no les queda más remedio, e intentan convencernos mediante arteras argucias de que les hagamos compañía (resentimiento nietzscheano). No están los que sienten el dolor de vivir, sino el de no vivir. La vida considerada como un mal trago se convierte en tragedia. Y la tragedia (sobre todo la trajedia de los trajes de Camps) es siempre sospechosa. La tragedia es la postura de los que no saben apreciar, disfrutar y degustar la vida, es una forma de incapacidad de amar, de disfrutar, de compartir, de servir de apoyo y de reír. Es una negación, una guerra contra la ubérrima fecundidad y amena diversidad de la vida. ¡Cómo olvidan que vivir no consiste en tener más o menos razón! ¡Vivir es equivocarse! Y equivocarse es tremendamente cómico.
Por favor, sean irreverentes ante los soberbios que no se merecen esa reverencia, y vivan y mueran alegres, incluso en sus desdichas; beban, coman, amen (sin amén) equivoquense, confúndanse y rían para que sea una comedia, o una bebedia, la que ilumine su rostro y a su mente afloren ideas que sean ligeras como burbujas o molinillos que se eleven ajenos a la ley de la gravedad (la gravedad de la tragedia).

Sufro, luego existo. 4- Fary's eyes glasses

¿Que le falta al Fary? Sus gafas de cerca, por supuesto.

Por eso, para iluminar esa Verdad Suprema, en el Vaticano y sucursales poseen unas gafas de ultravisión de marca exclusiva, las Fary's eyes glasses & sunglasses (esta va por ti Fary), unas gafas divinas de la muerte. Una gafas que son como el Faro de Dios, que proyectan unos escrutadores rayos de luz farisaica, que penetran en los tejidos morales de la sociedad y en los del alma humana, ejerciendo de escáner, de ecografía del mal. Cada audiencia episcopal o papal acaba así convirtiéndose en una denuncia, una radiografía social del mal. Los cristales están engarzados en una montura, de diseño exclusivo, realizada en el resitente material “viga en el ojo propio”, y tienen un alcance infinito e omnipotente de visión de la paja, por pequeña que ésta sea, en el ajeno. Por definición no dispone de visión reflexiva (acaban de pedir perdón, con trescientos y pico años de retraso por el asunto caducado de Galileo cuando a nadie le importaba ya, ni siquiera a Galileo, que todavía se carcajea orbitando alrededor del sol).
Con estas gafas-faro puestas es como se pueden poner en evidencia claramente perversidades que a los demás nos es imposible apreciar a simple vista, como que una chica con ganas de llamar la atención como Madonna (y porque ese es su negocio) sea en realidad un agente infiltrado del infierno, un súcubo sulfuroso, o abundando, que el rock 'n roll en general provenga directamente del averno, o como que Tinki Winki sea un maricón degenerado y relapso, y sobre todo, todo aquel que no comulgue férreamente con su verdad es un resentido, un rencoroso, y sólo es cuestión de aplicarle, algo más efectivo que el potro, que es el perdón de sus seguros pecados por el sagrado poder que le confiere la infinita suficiencia y superioridad moral de la Iglesia. Ya que, aunque les hemos arrebatado su juguete favorito, la Inquisición y su hoguera, les queda su arma más destructiva, la condescendencia.
Estas gafas ofrecen un paisaje iluminado por la siguiente visión: Cualquier persona no cristiana posee alguna tara, defecto, vicio o falta, evidente u oculta y sólo hay que insistir hasta descubrirla; cualquier comportamiento no subordinado a su criterio es fustigado hasta el absurdo más delirante (por ejemplo, la homosexualidad no es que sea un pecado, vicio o enfermedad, a pesar de todas las evidencias, sino que, tiene que serlo, o también, contra toda evidencia, la obcecada oposición al preservativo como medio de evitar el Sida, o los embarazos en cadena que encadenan así a las mujeres de todo el mundo a su maternidad compulsiva, y provocan la explosión demográfica, verdadero atentado del comando terrorista Vaticano); o cómo han negado la evidencia, una vez tras otra, a lo largo de la historia cuando ésta parecía contradecir tangencialmente su visión del mundo (Galileo, Newton, Darwin, Freud...) fustigando a sus supuestos enemigos. Galileo era un arrogante, Darwin era un chimpancé, Freud un obseso sexual etc.
Esta visión es, pues, una visión fuertemente autoritaria de forma que aprecia que la autonomía de los hombres y de la naturaleza, no sólo no es deseable, sino que es un acto de soberbia contra Dios, pecado central, único y fuente del resto. Los seres humanos sólo ejerciendo la odiosa soberbia pueden gobernarse por sí solos, con y por su propio criterio. De hecho, sólo la sombra de que podamos ser dueños de nuestras vidas, y guiarnos por la luz de nuestro propio criterio, resulta en sí misma abominable, un acto diabólico. La soberanía popular de la que dimanan todos los poderes públicos y políticos debe estar supeditada o vigilante de la soberanía divina, última fuente de legitimidad. El hombre no puede dotarse por sí mismo de leyes, necesita la tutela divina, de ahí las monarquías, esos aúlicos representantes divinos, que firman, con desgana y reticencia las leyes de los parlamentos. No hay más que recordar a Balduíno haciendo un regate, un Guadiana de abdicación, para evitar firmar una ley del aborto en Bélgica.
Su forma de adaptase al hostil ambiente democrático es doble, el victimismo ante la discrepancia, a la que llaman persecución, sobre todo la que pone en duda su posición de privilegio en la sociedad, y una amarga condescendencia hacia los comportamientos ajenos, que es calificada por ellos de amorosa admonición desde las cumbres borrascosas de su sabiduría.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Sufro, luego existo. 3- El Arca y el diluvio.

En segundo lugar, el sufrimiento es la pedagogía a través de la cual se afirma el monopolio que la Iglesia tiene sobre la verdad. La Santa Madre Iglesia no sólo está en la Verdad, sino que ostenta su posesión exclusiva. Se lo ha dicho Dios. !Ah, bueno! A mí me pasa que cuando alguien me dice que Dios le habla me sale el escepticismo, como un sarpullido. Ya sé que me lo tengo que mirar. También me pasa que cuando veo una zarza ardiendo llamo a los bomberos, pero Moisés se pone en modo “sacar a los judíos de Egipto” y escribir los Diez Mandamientos. ¿Es que la zarza contenía mescalina?

Esto se puede resumir en la teoría del Arca. A saber, cae un gran Diluvio y todo quisque perece, hombres, animales y plantas. Sólo el que toma un pasaje para El Arca de Noé, cuyos planos no los llevaba R2D2 sino que se los sopló Yahvé mismo, puede salvarse. Posteriormente Eloim ofreció el Arca (arcón más bien) de la Alianza para la salvación de Israel, y ese Arca, hoy, es la misma Iglesia que ante el diluvio universal que se avecina es la única capaz de sacarnos del edificio en llamas. Y eso sin meternos ya en la traca final del apocalipsis que siempre está esperándonos a la vuelta de la esquina.

Toda la Historia Sagrada es la larga historia del yo tengo razón en exclusiva y tú no, en absoluto. Ergo tengo que extirpar tu criterio (por bienintencionado que éste sea), minar tu autonomía, salvarte de ti mismo, expropiarte el cuerpo, y, para acabar tengo que exorcizarte con los tormentos necesarios para desalojar al okupa que te habita. Hay que sublimar, químicamente hablando, el cuerpo, para hacer que éste pase del estado sólido al gaseoso sin etapas intermedias, es decir, hacer menguar el cuerpo y sus gozos para ensanchar el patrimonio inmobiliario del alma. Y eso se realiza mediante el ritual del dolor.

Ahondando en la teoría del Arca, podemos apreciar que lo único que confiere el don de la existencia al Arca, a La Iglesia, que la razón de su existencia no es la madera ni el diseño divinamente inspirado, sino que es el diluvio, el mal, el demonio, el pecado. Por ello es una obligación moral inexcusable de los que nos quieren salvar, abrirnos los ojos para que veamos a) la ciénega del mal en la que chapoteamos y b) que nuestra más íntima sustancia es pecaminosa (original). Desde este punto de vista, el demonio resulta ser la premisa principal e inexcusable de la existencia de Dios, contrariamente a lo que opinaba Voltaire cuya duda fundamental sobre Dios se centraba en la existencia del mal en el mundo (Cándido).

Lo sectario de esta idea se puede apreciar mejor si pensamos en su versión new age, como que vaya a venir un enorme platillo volante del planeta Utor para a salvarnos exclusivamente a unos cuantos que creamos ciegamente en una cierta serie de ideas arbitrarias (como la ascensión de la Virgen, o la transustanciación, o cualquier otra) y por supuesto en la integridad y la superioridad que raya lo sobrehumano de su cabecilla, al que ofrecemos culto hormonal y mediático. ¿No os suena nadie? ¿Qué os sugieren un montón de monjitas y mojigatos dando gritos, saltos y llorando a lágrima viva en la plaza de San Pedro, plaza, por otra parte con forma de platillo volante? A mí me sugiere la minoría de edad mental en que se pretende que vivamos permanentemente.

lunes, 12 de octubre de 2009

Sufro, luego existo. 2-La gran ordalía

En primer lugar sufrir parece que es un reflejo patricio. Me explico. Decía Borges que los espejos le parecían abominables porque duplicaban el sufrimiento. Cada vez que Nuestra Señora se aparece a unas pastorcillas (hubieran sabido qué hacer si se les aparece el lobo o Frankenstein y no La Virgen, por lo que más que arrobadas se quedan abobadas en dichas epifanías), ésta se muestra llorando amargas lágrimas por nuestros pecados, y es que por más que llore lágrimas de sangre, no hay nada que hacer con estos muchachos descarriados. ¡Qué sabia pedagogía, enseñar con siete puñales en el pecho! Jesús atravesó su pasión, deleitándose en cada caída, para ver de redimir nuestras culpas, que es que no hay manera. Los iluminados y santos en hilo directo con el más allá son agasajados con pústulas y supuraciones llamativamente imaginativas, que no son más que Imago Dei, un ejemplo ultramundano y menguado del de Jesucristo (más teoría de la ejemplaridad). Sufrir física y metafísicamente supone adquirir un caché divino, un pedigrí sobrenatural, supone tirarse el pegote celestial a lo grande.

El sufrimiento es la gran ordalía, la más grande epistemología divina. El que más sufre, el que más aguanta, y aquel cuya imaginación tortuosa es más retorcida, más razón tiene, más verdad entraña. La Teoría del Conocimiento se reinventa como casquería.

La verdad y la santidad se calibra en grados de dolor, y en el cristianismo, desde siempre, ha habido mucha competitividad. Se puede decir que el cristianismo es un campeonato universal, católico, de sufrimiento, una rivalidad, una evaluación continua y minuciosa del padecimiento. El Marqués de Sade era un aficionado comparado con la delirante y variopinta masacre del santoral. El martirio es recibido por la persona religiosa como un don, un regalo, una gracia del cielo. Un martirio que significa etimológicamente testimonio. Testimonio en primer lugar de Dios en el martirizado, y por otra del mártir como apologeta, como display de visualización horizontal, vulgo, área de publicidad y marketing. Solo que ahora les ha salido un serio, más bien tétrico, competidor. Los cristianos ya no somos tan sufridos como antes y los musulmanes sufren mucho más y mejor, y encima lo hacen más mediáticamente, tanto que se dejan descuartizar por un quítame allá esas pajas. El ranking de barbarie en la ATP de las religiones, que es el que otorga el marchamo de más verdadero al Dios más cruel, está cambiando de manos.

Sufro, luego existo. 1-Catedralicemos

Si un extraterreste hubiera asistido a la agonía de Karol Wojtyla, hubiera observado cómo una corte y cohorte de fanáticos le aplaudían, entre cánticos y vigilias, y alentaban su decisión de morir sin ningún tipo de paliativo al dolor. El secuestro, el extravío mental de un anciano en sus estertores, perdido en su dolor, era glorificado hasta el delirio de la santidad. Y ese colonial antropólogo no hubiera dudado del carácter salvaje y feroz de los aborígenes de este planeta que reverenciaban, festejaban y vitoreaban dicha atrocidad.

Y si además hubiera asistido a la persecución del doctor Montes, hostigado en todos los frentes como un asesino peligroso, y cuyo nefando pecado era sedar a pacientes terminales, vulnerando el sagrado principio del sufrimiento, hubiera marcado este planeta en la leyenda de la Guía Michelín Estelar con el punto rojo que significa “peligro, locos de atar”. Esto hace buena aquella máxima que dice que la prueba de que existe vida inteligente fuera de este planeta es que no han intentado ponerse en contacto con nosotros.

Sufrir nos pone. Cómo mola sufrir en este valle de lágrimas, en este pozo de aflicción, cómo nos gusta sufrir esta vida que no es más que una mala noche en una mala posada. Y eso que todavía no nos han pasado la factura.

Sufro luego existo. Si no puede ser de otra manera, sufrir da sentido a la vida. Disfrutar, apreciar, querer, amar o reír, constituyen frivolidades que nos distraen de lo sustantivo, de lo ontológico que hay en sufrir. Sufrir llena de contenido, de color, de relieve, algo, de por sí, tan vacío e insustancial, como es la vida. Entre dos abismos infinitos, el anterior a nuestro nacimiento y el posterior a nuestra muerte, surge una chispa que se sabe efímera. Y quema a rabiar. Vamos a sufrirla como único modo de sentirla. Vamos a afligirnos constantemente por su carácter pasajero. No sólo vamos a morir, sino que entremedias habrá que mortificarse, que significa que vamos también a reprochar minuciosamente cada una de las menguas reales o imaginarias, amplificándolas, magnificándolas y catedralizándolas. Porque catedralizar es la manera como cristaliza el sufrimiento.

sábado, 10 de octubre de 2009

Agradecimientos

La Iglesia Católica dedica sus mejores esfuerzos a promover, de vez en cuando, un amplio diálogo ecuménico, que parece el impulso divino acorde con los tiempos de la globalización. Sin olvidar que Católico significa simplemente universal. Solo que ese encuentro, este ecumenismo universal, se les hornea crudo y sin sustancia, y se presenta en sociedad sazonado de hipocresía, pues, en su fuero interno, debajo de las reverencia, las sonrisas, y de las manos tendidas y sacudidas, estos hermanos se colocan mutuamente, unos y/a otros, dentro de su Infierno, que existe y es eterno, y porque además estas reuniones en su génesis, no son más que una manera de fraguar un frente, cómplices en su Santa Alianza contra la verdadera amenaza mundial, El Ateísmo.
Y en este punto es donde creemos que La Iglesia debería agradecer a los ateos un par de cosas o tres.
Primero, que hayamos puesto de acuerdo a tan, hasta ahora, encarnizados enemigos.
Segundo, que seamos los únicos, de verdad, interesados en los asuntos de divinos, que ya no le importan ni a cristianos bautizados, ni a practicantes, ni siquiera a los recalcitrantes, que andan bastante más enfangados y afanados en escrutar nuestros vicios. De hecho deberíamos ser considerados como los últimos mohicanos de la teología. Y digo últimos en ambos sentidos, en el más llano de que somos los últimos en llegar, y en el de porque, a la postre, seremos los que cerraremos este delirante capítulo del pensamiento humano que presenta su lado más amable e interesante si es considerado únicamente desde el punto de vista cómico de un cinismo elegante y displicente, o como el del más consumado dandismo.
Y en tercer lugar porque según está el mundo y los portavoces divinos, los ateos postulamos la afirmación más benevolente que se puede realizar sobre el Ser Supremo, su inexistencia.
El Señor de los Anillos esté con ustedes y que la Fuerza os acompañe.

domingo, 4 de octubre de 2009

Anticuerpos

Cierto famoso castrati, después de una larga y fecunda vida dedicada a la pureza vocal y espiritual, elevó una súplica a Su Santidad para poder contraer nupcias, y éste, en el margen de la misma, de su propio puño, apuntilló: “Castradlo mejor”. I castrati deberían emular mejor a los ángeles.

Yo siempre me he preguntado que si los ángeles no tenían sexo, por qué demonios cantaban tan contentos. En La Biblia no pone quién era el segurata que los apuntaba con una espada flamígera mientras los fustigaba a voces: ¡Cantad, cantad, malditos! Me parece que Lucifer no fue arrojado del cielo por no sé qué desavenencias con Dios, sino que un día se hartó y se dijo:”sanseacabó” (estrenando la blasfemia) y se bajó para echar un polvete que es lo que le pedía su no-cuerpo, como, por otra parte había visto hacer antes a Júpiter. Del mismo modo que tampoco ardió posteriormente en los infiernos. Resulta fácil imaginar que ya venía bastante quemado del empíreo, que si algo tiene es que quema mucho, como ya sabía el carro de Febo y Don Quijote en su Clavileño. Por eso atufa tanto a chamusquina a su paso.

Es fama que los teólogos medievales se pasaron desde antes de la caída de Constantinopla hasta La Venus de Botticelli elucubrando sobre el sexo de los ángeles, prolija cuestión, porque, hay que entenderlo, era la única manera para ellos de hablar de algo interesante, a saber, el sexo. Era, vamos a poner, como su sesión golfa de teología.

La aversión que produce la sola mención de la palabra, el disgusto y hasta el asco que se dibujan en los rostros, los circunloquios, las evasivas, las elipsis que se usan para describirlo; la vigilancia extrema con que se cuida el lenguaje de todo lo relacionado con el sexo, como campo minado, tal que fuera una fiera a la que hubiera que mantener bajo cien candados, cerrojos, anclajes y claves indescifrables, la más críptica de las cuales es la Educación Sexual Responsable, en adelante ESR (para añadirle misterio y evitar la equis); todo ello, y todas las toneladas de papel (biblia) escritas sobre la cuestión, especialmente la ESR, se resumen en una sucinta palabra: NO. Un NO que es como un gong profundo y prolongado en la unción tenebrosa y húmeda de la basílica. La repulsión general hacia el sexo hace presentar tan puritanas como aberrantes propuestas, tales como la abstinencia (nada antinatural), modelo de comportamiento, como el celibato como aspiración vital, o la ya delirante virginidad, culmen y lápida del útero, ese enemigo íntimo (que origina el peyorativo histérica)

¿Cómo se puede escribir un tratado sobre el amor conyugal (llámalo equis, sin equis) de novecientas páginas sin una sola ilustración?¿En dónde metían sus manos los monacales amanuenses que no iluminaban estas verdades tan profusamente como las lenguas de fuego del infierno que, como un pentecostés carnal, lamían lúbricamente los cuerpos desnudos y suplicantes de los pecadores, esos afortunados?

Porque eso sí se permite. Que se mezcle el sexo con la muerte, con el dolor, con la tortura, con la degradación, incluso que se confunda con ellos. De ahí toda la saga vampírica, las morbosidad de la morbidez, la violación como simulacro sexual, el castigo unido al placer. Hasta la violencia machista ( la palabra género debe usarse sólo para la gramática) se entiende mejor desde esta perspectiva.

Porque, para nuestra cultura, el dolor y la crueldad (los toros) encierran siempre la semilla de la enseñanza y de la catequesis. A la prolongada pasión de Cristo, de la Virgen, y de miles de santos, que ya dura más de dos mil años, debe seguir la de nosotros mismos, a los que no nos colma nuestra propia y constitutiva fragilidad y contingencia, sino que hay que estimularla con cilicios, penitencias y renuncias. A la muerte que vivimos cada día hay que añadirle su plus de mortificación. Una de cuyas manifestaciones más sutiles y laicas es la tan cacareada dieta, que al ser enaltecida sin medida desemboca en la repugnancia por el propio cuerpo, repugnancia a la que embotellamos, etiquetamos con diversos nombres griegos y científicos y, por fin, clasificamos en la sagrada vitrina de baldas de cristal de la Psiquiatría, albañal de todas nuestras penurias.

Y ahí quería llegar, a la ira de Dios, al asco de Dios al cuerpo, siempre alabado como templo del espíritu pero más habitualmente tratado como campo de batalla, como arena de circo romano, como potro de tortura, como ruedo dispuesto para alancearlo con Su perpetua hostilidad y recelo, con Su Odio Eterno y metafísico.

Los gloriosos cuerpos desnudos sólo obtienen su nihil obstat si son lacerados convenientemente. Hollywood nos sirve cada semana nuestra ración cotidiana de quebrantamiento de huesos (dánosle hoy), retorcimientos de gaznates, (dánosle hoy), explosiones viscerales (dánosle hoy), y descuartizamientos, amputaciones en grados diversos (dánoslas hoy) que nos golpean siempre en la misma neurona, aturdiéndonos, aburriéndonos en su variopinto muestrario de horrores. Una buena mutilación debería ser, como siempre ha sido, un acto público, un escarnio público, un escrutinio público de conciencia. Quizá, bien pensado, haya que incluirlas en los programas de educación primaria en vez de la matemática, esa gran incomprendida.

O, extramuros, el género pornográfico animaliza gimnásticamente alardes físicos y prácticas que deberían considerarse olímpicas (o evangélicas como la paja en el ojo ajeno, con lo que debe picar el semen en la retina) pero que acaban siendo repetitivas y levemente pecuarias. Se olvida, en esta variante, algo evidente, que el sexo es una cuestión lírica y no deportiva. Aunque paralelamente tampoco podemos perder de vista que por muy lírica que sea la cosa, a veces, también puede ponerse muy dura y, al final, meter, hay que meter. Una buena propuesta sería realizar buenas películas donde la pornografía estuviera integrada, hoy impensable, o pornografía elevada a la categoría de arte con un buen guión, buenos diálogos, fotografía, vestuario y todo lo demás. Imaginaos cómo podría acabar un cinefórum.

El sexo (física animal) sin amor verdadero (química divina) no tiene sentido. Y ese sentido, ese PIN, esa llave, la tiene el Vaticano enterrada en su búnker a prueba de inteligencia. El guardián de la puerta.

El Vaticano es el Fort Knox donde se atesora en lingotes, y entre oropeles e incienso, la verdad revelada por Dios y donde se dispensa una salvación codificada y sólo para abonados (Nulla salus extra ecclesiam). Fuera de la Iglesia uno sólo puede acabar en los infiernos, en sus cuatro deliciosos sabores, el primero el Fetén, el de churruscarse de lo lindo, y los otros tres que son como el paraíso pero con una habitación sin vistas: El segundo es el Infierno de los Patriarcas, el de los que cumplían la voluntad divina antes de Cristo y el de las personas de buena voluntad de otras religiones, pero que no conocen a Jesús, el tercero el Limbo, donde van los bebés no bautizados y los televidentes empedernidos y el cuarto, y último, el Purgatorio donde acaban los que sin morir en pecado mortal necesitan enjuagar ciertas minucias y se sobreentiende provisional (mínimo quinientos mil años). Para que se me entienda, es como la repesca de la Champions.

En los lúgubres sótanos vaticanos yace la verdad, la vida y el amor verdadero. Por eso, hogaño, el sexo es un prisionero dentro de una celda de castigo, en medio de un campo de concentración. Es el sin-papeles, el espalda mojada, el ilegal. Se puede vivir y practicar pero asumiendo su exclusión y su persecución y el propio menoscabo. La brecha de la normalización sexual, apenas está abierta. Y dejo temas apuntados para más adelante: 1-Díga pene y vagina a su hijo-hija, cuando se supone que sus hijos son ángeles y no tienen sexo hasta bien entrados sus treinta tacos. A ver qué pasa por su mente. 2- El día del Orgullo Gay, única manifestación pública sexual, se tolera sólo si se subraya su disfuncionalidad, su carácter antinatural y degenerado, como carnaval de monstruos, como circo de los horrores, con mujeres barbudas y enanos deformes en vez de concurrido por cajeras de súper y conductores de autobús. 3- La profesión de prostituta abarca toda su personalidad y es la Letra Escarlata, la marca de su degradación. Es puta hasta paseando el carrito por el híper, y cualquiera puede realizar una oferta fuera del horario de ventanilla. Pensemos qué nos diría una funcionaria del amor, por ejemplo: “Es en la otra puerta, los martes y los jueves de once a once y diez, si no hay bocata o luna llena, y venga con el carné, con el abonaré y con el impreso X101XX que ha de recoger en la otra punta de la ciudad en semanas alternas si coincide con que no hay partido de la selección, y luego se la chupo. Claro, que cuando me termine el chicle”.

Siempre he pensado que entre ese asco y la fruición, como entre el amor y el odio, hay una película muy fina, tan delgada como la de un preservativo Sensación. Y tengo la impresión, por ejemplo, de que aquellos que tildan de vicio a la homosexualidad, sienten la resbaladiza pendiente de su propia inclinación de la que, disfrutan lúbricos en su conciencia o inconsciencia, y a la que, al tiempo, castigan en cuerpos, honras y vidas ajenas. Por eso la figura de San Sebastián purga, vulnerada por saetas venidas de todas direcciones, su delicada y exquisita belleza, retorcida al tiempo de placer y dolor, mientras un querubín en su ángulo superior izquierdo le susurra, en un estandarte celestial y escrito con panes de oro: “No te rías, que es peor”. En latín claro, para que no se entienda y porque a la Corte Celestial todavía no ha llegado el Home English.

En la moderna y tecnológica vida actual postcristiana y liberal parecería que no tiene sentido toda esta reflexión. Pero no nos engañemos, en la ley de la jungla ultraliberal lo único bien amarrado es el taparrabos de Tarzán.

Estoy por pedir un favor al Tarzán de los intelectuales, al ínclito Fernando Sánchez Dragó, El Puma (numerao, numerao, viva la numeración). Deja de perseguir mediáticamente a Patricia Conde, por mucho que te alabe el gusto. Esperanza Aguirre no es tu vecina ni tu amiga por casualidad. ¿No ves que busca tu arrimo? ¿No ves que te ofrece continuos programas en Telemadrid?¿No ves que te junta los ojillos, con ese bizqueo tan gracioso que tiene, y que te levanta el labio superior, ratonil y sumisa, sólo para tí? Por favor, y esto lo digo solemnemente, apriétatela tántricamente (!cómo me ponen las palabras sobreesdrújulas y el catálogo del Venca!) a ver si se nos gallardoniza un poco y se modera. Pero no me la folles demasiado bien, no como sólo tu sabes, no sea que se nos desplace quinientas posiciones, hasta Izquierda Unida y más allá, con lo que IU, por fin, encontraría la lideresa que necesita, pero nosotros tendríamos que lidiar con el concentrado cromosómico de Hugo Chávez, Margaret Thatcher y Mao Tse Tung bajo el principio: Primero la Comunidad de Madrid y luego el mundo. Ha, Ha, Ha.

Sé que esta reflexión puede tildarse de machista, pero, justamente eso es lo que quiero hacer ver. Siempre que se sugiere algo relacionado con el sexo por fuerza tiene que haber mezcla. De machismo, de patriarcalismo, de violencia, de sumisión, de repugnancia.... Pero como dijo Freud, a veces un cigarro puro, es sólo un puro, y por lo mismo, a veces un polvo, es sólo un polvo, y sienta fenomenal al cutis.

Primero Arthur Schopenhauer (que, como todo el mundo sabe se pronuncia Séspir), y luego Freud más largamente, dieron en el clavo, en el búsilis de la cuestión. La consciencia humana es del tamaño de la punta de un alfiler que se asienta sobre un iceberg cuyas dimensiones exceden nuestra capacidad de comprensión. La consciencia es sólo voluntad, representación, rol, pantomima, y padece inefables horrores (bendecidos a tutiplén) por ser incapaz de levantar la mirada al horizonte de nuestra lejanía interior y saborear la inquietud continua que un océano de deseo en constante movimiento provoca. Eso que se llamó sexo, naturaleza, lucifer, no es más que la voz inmensa y profunda de la especie, que a su vez no es otra cosa que la voz aún más dilatada y grandiosa de la vida, que no llega a ser más que una minúscula fracción de la colosal voz del universo. ¿Dentro de nosotros y detrás de estas voces estará Dios? No se sabe, pero taponándonos los oídos, seguro que no lo vamos a averiguar. Lo que es seguro es que no está enterrado en un sótano, custodiado por unos edecanes macilentos y pomposos.

Freud, humanamente comprensible, se vio con una patata demasiado caliente, y en su Malestar de la Cultura, dio marcha atrás, apostando por conformarnos con el control social para no acabar destruyéndonos. Es decir, apostaba por la Iglesia y por dejar las cosas como estaban. Pero ya había abierto la espita, había derribado la verja, había roto el cordón de miedo, el condón de piedra de las catedrales (¿nadie ha pensado nunca que el pórtico de la catedral, de la gloria, no es más que un coño inmenso?)

La patria de la libertad no es la razón, es el sexo. Por eso, acertadamente, la Iglesia, que es más lista que sabia, se concentra en reprimirlo admitiendo otros horrores de todos conocidos. Porque la mala conciencia es el último reducto de su poder, su piedra angular. Y, en sentido opuesto, acertadamente también, la República, en todo el mundo, enseña jubilosa una teta.

En el sexo reside nuestra más íntima y recóndita libertad, y hasta que no lo tomemos en plena posesión, para darlo o negarlo a voluntad, y adquiramos plena conciencia del mismo, viviremos la vida de otros, las pesadumbres de otros, y nuestro cuerpo seguirá siendo un prisionero de ajenas zozobras, será un castrati, un no-cuerpo, un anticuerpo entre otros anticuerpos.