Mostrando entradas con la etiqueta Opina que algo queda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Opina que algo queda. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de julio de 2011

¿Por qué leer a Chéjov cuando nadie te apunta con un arma? y 4

Contrapunto final

¡Oh no!
          Y en éstas, D. Jose María Aznar, ese cadáver político con tal vocación de enano de jardín que amanece en uno cada mañana, y al que hay que rescatarle del laberinto de setos, adonde no sabe muy bien cómo ha llegado, conduciéndole dulcemente de la mano (el último de los cuales es el jardín del Sr. Murdoch, del que tratan de sacarle sus abogados) va y se arranca en TELVA, nueva revista de referencia política, con un: "Me gusta ser previsible y no me gustan los ocurrentes. Son gente peligrosa, tanto en la vida como en la política". Y describe el rumbo de la política española como "confuso y equivocado", que para él resultan manifiestamente sinónimos (¿?), para rematar la faena con un "ser de izquierdas es una pérdida de tiempo", concibiendo sin pretenderlo el cóctel mental TELVA: Unas gotitas de bravata, un pelazo, un buen sastre, y todo bien meneado en el batiburrillo de tópicos y trivialidades que él llama sentido común.


          Mejor no preguntarle, por ejemplo, acerca de su postura hacia la tumultuosa historia de la filosofía, habiendo gente tan castiza como él, que corta por lo sano y tira por la calle de enmedio, y que funciona como una desbrozadora del pensamiento. Tal grado de suficiencia y menosprecio sólo es posible en alguien que se haya tragado su propio Charlot sin darse cuenta y al que se le salta el mecanismo de cuando en cuando.



















          A través de estas palabras uno sólo es capaz de vislumbrar la tortura que tiene que suponer para este hombre abandonar su, tan querida, eternidad para patear este polvoriento mundo, este mar de confusión y errores, tan lleno de tiempos muertos y perdidos, tan lleno de peligros sin cuento, incluso, tan lleno de gente, que es la vida. Lo duro que le debe resultar continuar en su pellejo, siendo miembro, como es, del ilustre panteón de honoris causa y de líderes carismáticos, con una férrea fe, compuesta de cuatro ideas, pero, eso sí, muy claritas. Si bien para el resto, semejante escasez, no parece otra cosa que falta de imaginación (empatía, complejidad, humanidad, sutileza... llámelo equis).


          Esas cuatro verdades, que para que lo sean, requieren además de un Himalaya de mentiras previas, como lo fueron las que nos metieron en la guerra de Irak o las que intentaron pergreñar para que los culpables del 11 M fueran quienes a ellos les interesaban. O cuya claridad resplandece en los rótulos de los ataúdes de los fallecidos en el YAK 42, mientras en su interior los restos fueron distribuidos al buen tuntún, al parecer porque realizar pruebas de ADN para que los familiares recuperen el cuerpo de los soldados fallecidos, junto con el respeto debido a su duelo, son una pérdida de tiempo, como ser de izquierdas, como reír, amar, dudar, dormir a pierna suelta, o acariciar tu pelo.
*    *    *


          Es conocido que Hemingway afirmaba que para escribir bien, sólo había que hacerlo con honestidad, pero que era lo más difícil ("The hardest thing to do is to write straight honest prose on human beings"). Si Hemingway de alguien es heredero es de Chéjov, como toda la buena literatura hasta hoy. Nada ha sido escrito igual desde entonces y nada podrá ser escrito sin tenerlo en cuenta. Siempre me había preguntado por qué me gustaba tal o cual autor, ahora lo sé: me gusta lo que tienen de Chéjov. Y no me gusta lo que tienen de impostor.




          Cuando uno comienza un relato suyo, paradójicamente NO HAY NADA ESCRITO. Lo que subrayan sus historias es justamente la absoluta ausencia de absoluto. Pero lo que los hace grandiosos es que todo es entrañable, estamos atados afectivamente a sus personajes, a sus ilusiones, a sus esfuerzos, a sus golpes, y, al mismo tiempo que empatizamos con seres tan miserables como nosotros mismos, no podemos hacer nada por salvarlos. Justamente como a nosotros mismos. Una vez enterrado el mito de la redención. Chéjov escribe para los seres a los que, la vida no les destruye pero tampoco les redime, para los seres que nunca nos ha tocado la lotería más allá del reintegro o una triste pedrea, aunque estemos condenados a levantarnos cada día, y cada día tiramos los dados, cogemos un boleto al que nos aferramos un poco tontamente, sin que nada cambie, ni lleguemos a comprender del todo cómo ni por qué.


      
          Y, hala, aquí lo dejo porque, si Chéjov levantara la cabeza, vendría a darme un coscorrón por ponerme tan sublime, tan grandilocuente, tan poco chejoviano. Con un poco de suerte, es posible que escribiera un cuento sobre alguien, digno de lástima en el fondo, que se sentía entusiasmado, sublime y sentencioso cuando leía sus relatos.

martes, 19 de julio de 2011

¿Por qué leer a Chéjov cuando nadie te apunta con un arma? 3

Zonas de incertidumbre

          Hay una manera lineal de afrontar la vida, que además es la más común en nuestra civilización, ya casi única, que consiste en abordarla como un comienzo con un entrenamiento y cierto augurios, buenos o malos, que pasa a una segunda fase donde el protagonista en la lucha por conseguir sus objetivos pone en juego todos sus recursos para, por último, conseguirlos y ser feliz. O por contra fracasar y no serlo. Planteamiento, nudo y desenlace. Comedia y tragedia. La vida queda redonda, acabada y su éxito o fracaso desprenden atributos morales.




          Chéjov, por contra, se plantea sus relatos como escritos desde el más allá de esa linealidad. Supongamos que ya hemos muerto, supongamos que ya ha llegado el apocalípsis, supongamos que la infancia, la madurez, la miseria, la gloria, la misma muerte, son sólo vida, partes inarticuladas de un todo que no encaja, que no tiene una finalidad, y por tanto carecen de valor doctrinal o ejemplificador, que tienen valor por sí mismas y que eso nos descubre dimensiones nuevas, crudas, contundentes, a veces inaceptables para nuestra conciencia.


          Eso es Chéjov, un escritor después de un apocalípsis moral, más allá de la moral, más allá del pensamiento, una vez superado el prejuicio de que el mundo tenía que parecerse a algo que nos gustara o disgustara y el escrúpulo de que el relato se aviniera a reducirlo a nuestro estrecho criterio, sea este A o B. Seres que caminan entre las cenizas de su propia vida, que se mueven, más que avanzan, entre la inconsistencia, la incongruencia, la intranscendencia, la levedad, los clichés. Seres miserables que se afanan por salvar su pequeña verdad del gran cataclismo sin lograrlo del todo.


          Esta cuestión es palpitante en todos sus cuentos. Somos seres un poco perdidos en nuestras vidas, algunas llenas de estrecheces y miserias materiales ("Muzhiks-Campesinos"), algunos en su brillo académico y social ("Una historia aburrida"), otros enredados en su felicidad un poco boba, o en un complaciente cinismo, o bondadosa superioridad moral ("El pabellón número 6"), da igual, sobre todos los personajes se cierne una mirada atenta y comprensiva, una tierna compasión hacia su ingenuidad, hacia su egoísmo, su falta de agudeza mental, su agresividad o, incluso, su misma mezquindad.


          Una mirada que sólo se puede definir como el polo opuesto al desprecio. Y sobre todo al hecho de reconocerse como uno más y de reconocer a los demás como iguales. Homo sum, humani nihil a me alienum puto. En todos distinguimos su dimensión humana, en todas sus virtudes o taras encontramos un eco, hasta que dejamos de considerar su condición moral o filosófica o política de cosa mala o buena, virtud o defecto, positivo o negativo. Ningún relato suyo puede reducirse a una máxima o cuajar en una idea. Sus relatos sólo se pueden experimentar. Poseen tantos matices, algunos implícitos, que es imposible deslindarlos. No estamos allí para juzgarlos, estamos sólo, exclusivamente, para contemplarlos, diría incluso, para apreciarlos.


          Da un paso, más allá de la neutralidad moral del relato.


          Esta cuestión ha ahondado, golpea de lleno en la preocupación que me empujó a empezar escribir este blog. La duda como forma de comprensión, no de compresión. No se puede comprimir la experiencia e ir destilando ideas, es necesario ensanchar la mente y eso requiere paciencia, sensibilidad y momentos de ceguera, a veces, deslumbrante ceguera.


          El el último post dejé caer una frase que decía algo así como que para avanzar en el conocimiento es necesario crear ciertas zonas de incertidumbre, atarse los machos y soportar esa aceleración g por n, que es hacerse preguntas. Y cómo nos gusta acercar las manos al calor de la hoguera de los mitos, las certezas y las mentiras. Chéjov es ese momento de vivir y hacer preguntas sin caer en la tentación de cerrar la herida con lo primero que te venga a la cabeza. !Joder, toda la puta vida, por entero, es una zona de incertidumbre!, y tenemos que adaptar la vista e irnos acostumbrando. Es necesario, es crucial para vivir crear espacios de silencio, márgenes de maniobra fuera de las consignas, los juicios, los dogmas.


          Y esto es tan cierto cuando lo aplicamos a nuestras vidas, como a la acción política o a las artes y las ciencias. Para mirar más allá es necesario asomarse a un balcón con barandillas no muy seguras, sin tener muy claro qué es lo que uno va a encontrarse. Chéjov más que contar, parece que escucha. Ha desarrollado la facultad de escuchar cómo transcurre la vida por sus personajes. Esa escucha, esa paciencia, esa capacidad para esperar lo inesperado, para ver el giro imprevisible del curso de su vida, casi nunca sublime, es Chéjov.

lunes, 18 de julio de 2011

¿Por qué leer a Chéjov cuando nadie te apunta con un arma? 2

Cuentos para niños cuando dejan de serlo
     
        Cuando era joven (más joven) leía siguiendo un orden, una retícula cronológica y geográfica, haciéndome una cultureta, como el que atesora unos ahorrillos de prestigio, pero descubriendo, de paso, lo refrescante que puede llegar a resultar un Aristófanes, un Molière, Cervantes, Defoe, Twain, Brecht, ... ("Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser...") y también lo apestoso de lecturas de moda como Lezama Lima, Benet, o Sábato de bajón. Pero era tan buen chico, tan previsible, que me los leía de un trago, con prefacio y notas a pie de página hasta los posos !Valiente gilipollez!


           Los libros hay que empezarlos todos, pero si, como pasa a menudo, a medio camino, se ponen pelmazos, y quieren seguir dándole vueltas a por qué les dejó la novia o se les hace de noche mientras describen un amanecer,  pues nada, la vida es muy corta y algunos libros demasiado largos. Dejas el contestador y que languidezcan en el limbo de las peticiones de amistad de tu Facebook.


          Para eso el cura y el barbero de El Quijote tenían una hoguera, y Umbral una piscina. Pero eran unos antiguos. Ahora los metes en el Spam a patalear y, mientras, como que miras para otra parte.
Dostoievski



          Rondaría uno los 20 años cuando alguien me pasó por primera vez una recopilación de cuentos de Chéjov, y como Dostoievski me gustaba porque era intenso y torturado y también era ruso, pensé que éste sería, más-menos, primo hermano suyo, pero resultó que me encontré, de bruces a boca, con un señor, con mucho prestigio erudito detrás, sí, pero cuyas historias se sucedían sin pena ni gloria en una anodina tibieza, en una cadena de anticlímax que mis ardientes hormonas no podían sufrir por más tiempo. No hay que añadir que me bebí hasta el último sorbo de este aguachirle rancio con la etiqueta bien visible de aceite de hígado de bacalao.


Dulces mentiras
          ¿Y por qué ahora me impresiona tanto? Precisamente por lo mismo. Chéjov no ha cambiado pero yo sí. Mi juventud fue apologética, doctrinaria, incendiaria, necesitaba tener muy claro las ideas sobre el mundo, aferrarme a cualquier certidumbre o convencimiento. Un intento de confusa fuga de la confusión misma. Es decir, fue estúpida y necesaria. A ratos fue brillante, pero, por lo común, con cierto brillo malsano. Vamos, como casi todas.


          Hay un niño sentado en el suelo, ensimismado y absorto con sus piezas de construcción de todos los colores desparramadas por el suelo. Está montando un castillo, un avión, un barco pirata. Aplica su previsión y su paciencia para recrear sus sueños. Todas las piezas encajan milimetricamente unas con otras, quedan firmes y ancladas, se levantan muros y se engranan mecanismos. De pronto todo cobra forma. Ha acabado. Ya está montado. Surge el milagro. Todo encaja.


          Pero te has hecho mayor, y bien mirado, nada funciona en realidad. O nada resultó como preveías. O hay la vida te regala cierta felicidad, pero no la que esperabas.


          Chéjov simplemente cuenta historias. Cero doctrina. Cero convencimientos. Cero certezas. Sin heroísmo, sin épica, sin trascendencia, sin estridencias, sin senderos previsibles, sin supuestos implícitos que hagan valer su fuerza sobre las narración o los personajes. Supone un salto en la conciencia hacia la madurez vital, y la requiere de sus lectores. Va barriendo todas las grandes palabras para echarlas en el cubo de la basura.


          Cualquiera de sus personajes parte con un bagaje filosófico, moral, emocional, con ciertas perspectivas vitales, objetivos, previsiones, propósitos. Todo eso se va diluyendo ("como lágrimas en la lluvia") hasta quedar en nada, o en otros desenlaces imprevistos, o abiertos, sin épica. Chéjov es experiencia en estado quimicamente puro, si algo así existe.


          Las preocupaciones que recorren subterráneamente la acción, también van transmutando hasta dejarlas en manos del lector. Por ejemplo (aunque ocurre en todas) en "Relato de un desconocido", un personaje narrador entra al servicio de un alto funcionario para averiguar secretos que desacrediten y destruyan al padre de éste, su enemigo político. Parece que se plantea una intriga política que podría poner sobre el tapete ciertas preocupaciones sociales o enfrentamientos políticos. Nada de eso, la acción parece centrarse en la visión crítica que tiene de su amo, cínico sin virtudes, y de las relaciones entre servicio y señores. Tampoco va por ahí, pronto aparece una mujer que deja a su marido por su patrón. ¿Sigue acaso la línea del adulterio, el amor, la libertad sobre la conveniencia social? Nada de eso. El falso criado se encandila de la dama despechada por su nuevo "marido", que la desprecia y la evita. ¿Se habla acaso del desamor o el desgarro? Sí, pero no dura demasiado, porque en su escapada, el curso de la historia parece centrarse en la situación misma de la mujer, dependiente de los hombres, luego en el suicidio, en la responsabilidad de los hijos.... Y todo sin responder de verdad a ninguna pregunta.


          ¿De qué va este relato? ¿De qué materia está cuajada la vida de sus personajes? Al final Chéjov suelta el último capotazo, la narración simplemente termina y uno se queda preguntándose ¿de qué va la vida? ¿Alguien lo sabe?

domingo, 17 de julio de 2011

¿Por qué leer a Chéjov cuando nadie te apunta con un arma? 1

"...y el marido la creía y no la creía"
La dama del Perrito .  Chéjov

Prólogo de un prólogo


          Sí, yo también he sido siempre de los que piensan que leer un folleto de instrucciones antes de proceder al montaje de un tresillo, o leer los tres volúmenes que explican el sencillo funcionamiento de tu calculadora de 7 centímetros o, mejor, los anales de Roma en pergamino que cuelgan desproporcionadamente e ilustran las propiedades y el correcto uso del tanga, resultan sumamente humillantes para nuestra ibérica e intuitiva forma de ser y socava los principios de una patria, que es todo corazón y nada de lo demás.


          Antes prefiero cultivar una escoliosis arrellanado en un sofá expresionista, una calculadora respondona que siempre puedo estrellar contra la pared, o acudir al urólogo con el tanga limpio, pero del revés, con el hilo atravesándome limpiamente por mitad del escroto. Para listillo, un servidor.


          Espero que consideréis esta entrada como el Movierecord del autor, una invitación a la lectura de Chéjov, más que como un prólogo fastidioso, añadido al de tener que pagar por el libro, un arma químico-bacteriológica, o un delito de amenazas tipificado en el código penal.


          El que haya picado y haya cometido este error de apreciación puede continuar leyendo.


          Uno de los míos, un error de enfoque, de los más comunes como bloguero principiante, consiste en considerar que a mis lectores les pueden resultar más interesantes los galimatías de mi pensamiento, que lo que de verdad le ocurre a mi vida. Los borradores pálidos, fragmentarios, esquemáticos y reductores del mundo, los palimsestos ilegibles de mis ideas, esas lucubraciones obcecadas, manchadas con el pecado original del prejuicio y sembradas de simplificaciones, a las que consagro mis noches.


          Y esto es un descubrimiento muy de Chéjov.


          Me parezco un poco a ese amigo que no te deja en paz hasta que no subes a su casa, ver su colección de maquetas cubiertas de polvo, que se ha pasado media vida armando con paciencia obsesiva de miniaturista, encerrado en una buhardilla. A ver cómo le miras directamente a esos ojos, un poco irritados por el pegamento y el insomnio, y le dices que para pasar la tarde tontamente estaría mejor el Museo de la Marina que tiene aire acondicionado, conserje y selecto ambigú.


          En general, todos tus pacientes y fieles amigos están esperando a que tropieces y sueltes algún improperio, un pedo o que ocurra algo fuera de tono que anime un poco la lección magistral.


           Se siente. No voy a rectificar a estas alturas porque, ni soy sabio ni creo en la rectitud. Más bien me parece que cuando las cosas se tuercen, hay que dejar que se tuerzan del todo. Que es cuando se ponen más interesantes.


          Chéjov es una de esas cosas. No pienso nada sobre Chéjov. Chéjov me ha ocurrido, me ha pasado por encima. Uno va intentado encontrar un estilo, un criterio, un timón, zonas de estabilidad mental, emocional, material, ¡yo qué sé!, y de repente Chéjov.


                                ¿Por qué leer a un tío con pinta de apolillado, ruso (y por tanto sospechoso de aburrimiento en primer grado), mas bien muerto, y que no sería trending topic ni bajándose los calzones de cuello vuelto?


          Intentaré ser breve (rumores, algunas risas)

domingo, 26 de junio de 2011

Un problema de matemáticas II. El rotulador rojo.

          Sí, sí, ya sé, soy plenamente consciente de que las segundas partes nunca fueron buenas, pero mi primera vez fue una auténtica pesadilla. No entrecomilléis esto último, por favor. Me refería al Problema de matemáticas I.


          Y no, no temáis que no voy a hacer realidad eso de que no hay dos sin tres, ese viejo aforismo tan republicano. No habrá terceras partes, trilogías ni fascículos sin fin, y cuando acabe de enredarme en el florilegio de grandes hitos del refranero castellano-manchego, es posible que empiece a contaros, de una vez, que, al hilo de la última entrada en el blog me asomaron ciertas reflexiones.


          Como primera intención quise contestar a Kike su amable comentario, que me hizo reír con ganas, pero la respuesta era demasiado larga (aquí una notas musicales terroríficas mientras el acongojado lector baja la barra lateral).


          Efectivamente diste en el clavo. Pasé media mañana del domingo mascando una solución más simple y más lógica para un problema de matemáticas a la altura de un niño de 10 años, y de repente tomé conciencia de que la solución era evidente: el problema estaba planteado de forma artera. El matemático no sabe matemáticas, no ama las matemáticas, no se apasiona con los cálculos, no está en vilo por desentrañar el misterio matemático. Porque la cuestión no se centraba tanto en si había un desliz involuntario en el planteamiento, o un error, bueno, admisible (¿Ese libro tiene corrector editorial? ¿O alguien vela por los contenidos?), sino que, ese problema se manda de tarea sin mirar, ni revisar, y a la postre, ni una vez corregido, salta la liebre. Y, ni siquiera porque se oculte el error o se trate de disimular, sino porque nadie, en todo el organigrama de responsables políticos, editoriales y docentes ha advertido nada. !Ha pasado completamente desapercibido! !Incluso una vez corregido en clase por el profesor!


          Me puse a escribir como loco (cada uno como lo que es), así, en caliente, porque no podía hacer otra cosa.


          Y ahí estaba mi hijo, sufriendo en su carne, en sus neuronas, el principio por el que se rige la cultura, la ciencia y la educación en España: cuanto más ignorantes seamos, cuanto menos sepamos, menos curiosidad tengamos, menos interés mostremos, también menos voz, menos opinión, menos reserva de dignidad nos quedará y más fácil por tanto, será manipularnos, dominarnos, someternos.


          Esto funciona como un cortijo epistemológico, donde los que ostentan los diplomas y los nombramientos, juran el cargo y, al mismo tiempo, toman posesión de los conocimientos y los inscriben a su nombre en le registro, y ejercen como caciques numerarios con plenos poderes sobre su ámbito de conocimiento, como cuenta extraordinariamente Antonio Orejudo en su gran novela (recomendación al canto) "Un momento de descanso".


          Y junto a los bienes inmateriales, reciben el cetro visible de su poder: El rotulador rojo. Son poseedores absolutos del totem, del monolito, y lo distribuyen entre sus esbirros para ejercer su dominio. La labor del rotulador consiste fundamentalmente en subrayar, publicar y difundir lo incapaces que son los alumnos de contestar adecuadamente las lecciones, humillar su capacidad de raciocinio y arrancar de cuajo la posibilidad de que alguno disfrute con lo que hace o disfrute haciendo las cosas bien, y, en segundo lugar, en aplastar toda disidencia y dejar bien claro quiénes están a un lado de "El rotulador rojo" y quiénes al otro.


          Sí, hay un montón de idiotas en España que piensan que son ellos los que pintan las líneas de las calles, sostienen las órbitas de los planetas y dibujan la delgada línea roja, ignorando por completo que todos estamos a este lado de la verdad y todos tenemos el deber de asomarnos a ella, con cierta humildad, en vez de imponernos a ella y pisotearla, verdadero leitmotiv de este blog.


          ¿Por qué un españolito medio es incapaz de aprender otro idioma que no sea el suyo? ¿Somos más tontos?¿Somos de otra especie? Se puede elucubrar mucho acerca de esta cuestión y expertos hay en ello, pero está claro que, por experiencia lo digo, nuestros profesores no sabían Inglés, o Francés con la suficiente competencia o amor como para enseñarlo.


          Esto a su vez hundía sus raíces una autarquía cultural (!como España no hay nada en el mundo!, con sus variantes "Como en España no se está en ningún sitio" o "no se come en ningún sitio" o "con la de cosas que hay en España, ¡¿para qué salir?!), y en un aislamiento atávico, en una impermeabilidad a lo exterior (aquí se doblan las películas y las series para que los teleespectadores no se contaminen con patógenos externos) que empezó con la escasa repercusión y penetración que tuvo el Renacimiento, el Erasmismo o el Protestantismo, que invitaban a pensar por uno mismo y disfrutar de la vida, y el portazo a aires nuevos que supuso La Contrarreforma y la Inquisición, y no digo ya el recelo y la cerrazón, hoy vista como heroica, ante los avances científicos o políticos que supusieron La Enciclopedia y la Revolución Francesa como punto de inflexión después del cual el mundo cambió de era.


          ¿Todo el mundo? ¡No! Una pequeña aldea poblada por irreductibles...


          Pues aquí estamos los españolitos, después de una guerra fratricida y criminal seguida de una dictadura represiva y sangrienta de cuarenta años donde se condensó, a modo de tormenta, lo mejor de nuestro tradicional desprecio hacia el pensamiento, la libertad o la verdad, y desde donde se forjó una transición a medida, de alta costura, para la presentación en sociedad (de naciones, se entiende) las bases de este atávico atapuerca cultural desde el que nos asomamos al mundo. Porque España es un anacronismo.


          Aquí, un científico es un listillo, un tipo que puede quitarte la razón con argumentos, con datos, una variante de inútil peligroso a cargo del presupuesto; aquí la Física y Química son una kermés hormonal adolescente (!qué fuerte, tia!), el álgebra un galimatías impenetrable con la misma dificultad e importancia que el sudoku maldito del dominical; aquí tenemos el Club con récord absoluto de poetas muertos, exiliados y expatriados. Pensar es antiespañol, pensar es la antimateria de los huevos, de "estos son mis huevos". La patria, una cuestión de casquería, criadillas vs. sesitos.


         Aquí somos campeones de fúrbol, de consumo de cocaína, de economía sumergida, dinero negro, de paro, de manipulación informativa, de corrupción política, de fracaso escolar, y, por lo mismo, campeones de tragaderas, de comulgar con ruedas de molino, como la mezquina y avarienta tesis de la CEOE de que el éxito escolar, contra todos los estudios científicos al respecto, tiene que ver más con la genética que con el origen socioeconómico del alumno, para así dejar claro que invertir en educación es tirar el dinero (su dinero), o de que es necesario crear un bachillerato de excelencia (bien, en principio) ¡restando recursos al resto!, es decir, dando por perdidos, dejando a su suerte a la inmensa mayoría.


          Porque no sólo es que no hablemos idiomas, es que no hay premios Nobel de física, ni de economía, ni de matemáticas ni de nada. No hay, ni se los espera. No hay, porque no hay grandes ni pequeños físicos o matemáticos, y porque ni en la sociedad, ni en la escuela, ni en las casas y mucho menos en la política existe la más mínima preocupación porque los haya. Porque no existe por parte de los profesores (ni de la administración) la más mínima pasión por la verdad, amor por la ciencia, sensibilidad por el pensamiento, no hay agallas para disentir ni para reconocer un error (¡horror!). Porque la mayor parte de la función de un profesor consiste en tachar con el rotulador rojo, poner notas, negativos, partes, catear, poner orden, y tratar de que los niños estén quietos, callados y trabajando, porque es la pose, la posición, la postura en que se van a pasar el resto de su vida. Y la Comunidad de Madrid otorga el carácter de autoridad pública (como a los policías y médicos), reforzando así el carácter primordialmente punitivo de la enseñanza.


          Es necesario aplastar la duda, allí donde se presente, porque no podemos soportar la incertidumbre, la misma que está en la base de todo conocimiento, de todo avance verdadero.


          La Escuela en España no deja de funcionar como un Reformatorio de la infancia y la adolescencia, esa edad que adolece de tantas cosas y que hay que echar a perder como sea.Y lo que más me asusta es el aplauso social que concita esa actitud que no lleva a ninguna parte. 


          Por el mundo hay gente que piensa en otro modo de encarar la pedagogía, más allá de la Ilustración y la revolución industrial. Mientras, por estos lares todavía estamos más acá. Aquí os dejo un magnífico vídeo sobre  educación y pensamiento divergente.






          Solo me queda pedirles disculpas por haberme alargado tanto en el intermedio y haber interrumpido el comienzo del segundo tiempo. Sigan con el fúrbol, por favor.

lunes, 20 de junio de 2011

Un problema de matemáticas

          Por favor, que alguien, algún alma caritativa y más docta que yo, me saque de mi error, que soy >




          Tengan corazón, que soy de letras puras, castas, vírgenes y mártires. Que alguien más listo, más agudo, más sagaz, más capaz, más formado, me saque de mi error. Y para que vaya por delante, confieso, manifiesto que no dejo de tener parte de culpa en ello. Yo solo me metí en la zanja. En parte por idealismo y por tener la brillante ocurrencia de apostar por la Escuela Pública cuando todos retiraban sus fichas del tapete.


MEA CULPA


          Tener un hijo finalizando 5º de Primaria en un Colegio Público de la Comunidad de Madrid se considera en ciertos círculos, una insensatez, casi una inclinación suicida, algo así como una cuestión de rígidos principios calderonianos que rayan en la majadería, la misma que muestra Abraham al dejarse seducir por la voz de Yahvé que, para probar su fe, le sugiere que inmole a su hijo Isaac en el monte Moria. Como si no supiéramos que Yahvé es un cachondo. "¡Que no, que era coña!" parece decir el ángel. "¡No me jodas!", Abraham.






          Especialmente cuando, como telón de fondo está una administración que ha conseguido fulminar por abajo el libro Guiness de los récords en cuanto a las calificaciones de sus alumnos, y que se mantiene en la cola de inversión en educación en España, antes de la crisis, después, y como apuesta para un futuro aún más tenebroso si cabe. Y eso con la soberbia ignorancia de no considerar la educación de calidad, no la mera instrucción, como el pilar más básico para la recuperación a largo plazo (¿largo plazo? ¿y eso qué es lo que?) de la crisis financiera y ambiental que se avecina, junto a la inversión en I+D.




           Y a pesar de todo, ahí tenemos a esos aguerridos niños, intentando abrirse paso a pesar de la situación, en muchos casos, angustiosa de sus padres, a machetazo limpio a través de la desmoralización y falta de entusiasmo de los docentes, abandonados a su suerte por la administración sin horizonte, que a golpe de corte y confección presupuestaria y de maniobras de imagen, pretende desprestigiar la Enseñanza Pública. Y soportando además el continuo agravio social de sobrellevar sobre sus pequeños hombros, no sólo sus enormes mochilas, sino el desproporcionado peso de la culpa acerca de sus calificaciones.


           No tengo muy claro si, algún día, bajo los pies de los cascos del caballo de Aguirre volverán a crecer las hojas de hierba de las ideas por el prado docente.




Un problema de matemáticas

           Y hete aquí que este aguerrido Chuck Norris de Primaria, que es mi hijo, me llama porque no puede resolver por sí mismo un problema de matemáticas, que es el siguiente:






           La tanda de ejercicios se halla bajo el epígrafe Ordeno el enunciado, y pretende como propósito principal y con buen tino pedagógico, centrarse en que los alumnos lean atentamente los planteamientos de los problemas, y extraigan los datos suficientes para la resolución de los mismos. Intención basada en la experiencia de que, en gran parte de las ocasiones, la dificultad del alumno en resolver un problema matemático no estriba tanto en no comprender la mecánica de la operativa, como en la falta del comprensión cabal de los datos que aporta el enunciado y de la solución que se le demanda. Hasta ahí, no sólo nada que objetar, sino que rindo una ovación cerrada al acierto del planteamiento.


           En principio, el en el problema 1, sólo hay que ordenar el enunciado del que se deberían extraer datos suficientes para, mediante cierta lógica matemática de su nivel, hablamos de 5º de Primaria, lograr unos resultados que respondieran a la cuestión planteada:


            El enunciado, una vez ordenado quedaría, como sigue:


           -Alberto tiene 7 años menos que Rosa
           -Y dos más que María.
           -Sabiendo que entre los tres tienen 32 años,
           -¿cuál es la edad de cada uno?


           Extraídos los datos, la cosa quedaría más o menos así:


           Llamemos Ro a la edad de Rosa, Al a la edad de Alberto, Y Ma a la de María, por poner.
            -La edad sumada de Rosa, Alberto y María es 32, es decir, Ro+Al+Ma=32años.
            -La edad de Alberto, es la de Rosa menos 7 años, Al=Ro-7a.
            -La edad de Rosa, por tanto, es la de Alberto más 7 años, Ro=Al+7a
            -Con la edad de María podemos hacer lo siguiente Ma=Al-7, Ma=Ro-9, o invertir la igualdad y decir que Al= Ma+7, o que Ro=Ma+9.


             El esquema dibujado por mi hijo, basándose en la imagen del problema fue el siguiente:


           Y creo que resume bastante bien, gráficamente, el planteamiento y los datos.


           La solución de un niño de 10 años es la siguiente, Rosa tiene 16, porque 32-(7+9), que es lo que el total menos la suma de las diferencias de las edades de Rosa con Alberto y María, da. !Y resulta que es la solución correcta! Siendo el razonamiento, completamente absurdo.


            Si Ro es 16, y Al es 9 y Ma es 7 suman 32 y guardan las correspondencias debidas entre ellos. !Albricias!


             Solo que..... los datos proporcionados, hagas lo que hagas con ellos, dan siempre una solución correcta. Es decir si, por ejemplo, optamos por sumar las diferencia de edad de los otros niños con Rosa, 7+9, nos da, ¡tatachán!: ¡La edad de Rosa!, 16.


             Si dividimos la edad total entre 2, ¡tatachán!, ¡también nos da la edad de Rosa! Y la edad de los otros niños coincide con las diferencias de edad que mantienen con Rosa, con lo que ya se pierde de vista el hecho de si 7, es la diferencia de edad de Alberto con Rosa o es la edad de María. Y lo mismo con el 9.


            Esta carrera en catarata de razonamientos absurdos, dan siempre como resultado, el correcto.



             Es decir, los datos están proporcionados para que el cálculo operativo se realice acertadamente, al buen tuntún, a ojímetro, a ojo de buen cubero, o mediante el atinado método del CV, que en este caso no es Cálculo Vectorial sino la Cuenta de la Vieja. Es decir, es apostar por un truco de magia en vez de por una deducción lógica, es apostar por el Gran Tamariz, en vez de por Perelmal y no darse cuenta de la diferencia entre ellos, más allá de su parecido.




















            Simplemente si nos tomamos la molestia de modificar el número de años total, es decir 32, con, por ejemplo, un número inferior como 29, o con uno superior como 35, es imposible deducir la edad de Rosa por simple resta de las diferencias del total, o por cualquiera del resto de procedimientos sin sentido reseñados más arriba.




            Advierto que yo he sido siempre he sido de letras, pero el único modo de resolución matemática que se me ocurre, partiendo de las premisas dadas, es el siguiente:


           Ro+Al+Ma= 32 (la edad de todos sumada da 32)
           Al= Ro-7 (edad de Alberto es la de Rosa menos siete años)
           Ma= Ro-9 (edad de María es la de Rosa menos 9)


          De modo que una ecuación de 3 incógnitas queda simplificada en una ecuación de una sola incógnita de este modo:


           Ro+ (Ro-7) + (Ro-9) = 32


          También podría resolverse dejando sólo Al, o Ma, situando sus correspondencias con la edad de los otros respectivamente,


            p.e. (Al+7) + Al + (Al -2) = 32 ó (Ma+9) + (Ma+2) + Ma = 32


            pero con un solo camino camino que recorramos, creo que resulta suficiente.


            Si sumamos las diferencias, por el procedimiento de sumar minuendos y substraendos:


                                  Ro
                               + Ro - 7
                               + Ro - 9
                             = 3Ro - 16 = 32


            Seguimos para despejar la incógnita.


             Ro= (32 + 16) /3 = 48/3 = 16


             Luego Rosa tiene 16 años, Alberto 9 y María 7. Como al principio. Solo que este procedimiento vale igual si el resultado de la suma de los años de todos es 29, o 35, o cualquier otro, y es válido también para problemas del mismo tipo, incluso de aquellos que den como resultados otro tipos de números no enteros.


              Sáquenme de mi error, pero encontrar en un libro que pretende ENSEÑAR MATEMÁTICAS, un problema donde tener que elegir, entre la cuenta de la vieja con un planteamiento tramposo, incluso diría antimatemático, o, por el contrario, una solución mediante una ecuación con tres incógnitas, suma de diferencias, despejar la incógnita, en 5º de Primaria, cuando, posiblemente, la mayor parte de los niños de 2 de la E.S.O. que conozco, serían incapaces de resolverlo, me parece excesivo.


               En vez de flagelarse tanto con lo torpes que son los niños (esos zotes con los que no hay manera) que en las pruebas de matemáticas, no levantan de media el 2,59 sobre 10, podríamos empezar por mejorar los contenidos de los libros o, al menos que los profesores, antes de mandar alegremente la página tal y tal para el lunes, leyeran los problemas que pretenden que resuelvan los niños.


                Puede que sea un ejemplo trivial, pero yo lo veo más como un síntoma. Si la administración se lava las manos, si los autores y editores de textos para la enseñanza meten problemas de relleno, si los profesores no saben, ni sienten el más mínimo aprecio por la materia que imparten y por transmitirles a los niños, no su saber, sino su misma pasión, si los padres vamos penando por los cursos, más atentos al medio punto de más o menos que a los valores y contenidos de la educación, ¿qué demonios les exigimos a los niños? ¿que se salven a sí mismos como el Barón de Münchhausen, sacándose él y su montura de la ciénaga, por el, otra vez, inverosímil método de tirarse él mísmo de su propia coleta?


SUMISIÓN TRANSVERSAL


                Pero lo peor no es eso. Lo peor es que al día siguiente, los que lo resolvieron por el expeditivo método del ojímetro, el ojo de buen cubero, la Cuenta de la Vieja, la intuición o la revelación sobrenatural, recibieron unas merecidas palmadas de felicitación, y sobre los que eligieron el camino más arduo (pero más correcto) con la ayuda de sus padres, recayó la sospecha de que, en realidad, no habían hecho los deberes por sí mismos (¡claro que no!), aunque hubieran hecho el esfuerzo de entenderlo. 


                Y esa es la lección que aprenderán, en el fondo, o como se dice en la docencia, transversalmente: que es mejor no ser más listo que tu profe si no quieres tener problemas, porque el profesor nunca se equivoca, aunque sea un trilero matemático y su canciller suprema una incapaz absoluta. Como en la vida misma.


               Los niños de hoy también necesitan tener la piel dura. A ver qué les dices.

jueves, 5 de mayo de 2011

Frente rosa

          El mundo del fútbol, ese vasto, desmedido y monstruoso negocio que fundamenta su razón de ser en una remota ascendencia deportiva, en un lejanísimo vínculo con un esparcimiento gimnástico y recreativo, no cesa de depararnos continuos motivos de estupefacción.

          El fútbol se comporta como ese fluido espeso que tiende a expandirse hasta la desmesura en el escaparate mediático y a ocupar tanto el cuerpo social abandonado a su suerte como el córtex cerebral dejado en barbecho, y añado, inutilizándolo para su correcto funcionamiento. Un proyecto del LHC (Large Hadron Collider) ha bautizado este nuevo isótopo inestable y radioactivo como Ft, sin asignarle, por ahora, número atómico, pero englobándolo por sus afinidades expansivas y devastadoras con el To (toros), Rl (religión) y Mn (monarquía).

          No suelo andar muy atento a sus minucias diarias ni llego a comprender enteramente su jerga. Las tormentas futbolísticas, cada vez más frecuentes y más virulentas, ciclónicas y huracanadas suelo pasarlas bajo techo esperando pacientemente a que escampe. Si bien soy cada día más escéptico al respecto y me vengo abajo cuando empiezo a considerar que el advenimiento del apocalipsis climático futbolero probablemente impida que algún día llegue la primavera.

          Como digo, aunque busque incesantemente refugio, a veces no puedo evitar que una ráfaga de estupidez en estado bruto (brutísimo) me sacuda y me saque de golpe de mi guarida. Y han sido tres mazazos tres en un sólo día, por lo que, a modo de lenitivo, paso a consignarlos.

          Primero, bajaba tan ufano la Cuesta de San Vicente a trote ligero, que ya perdía un tren, cuando me topo de frente, en todo lo alto y todo a lo largo del lateral de un kiosco la siguiente bufanda.


          No. No es un fotomontaje de aficionado a la Ufulogía. Es real (Madrid).

          !Ese ripio de Mecano! !Ese rosa palo!

          O se es una chica lista o se es madridista. O si la chica está siempre lista, no puede ser muy fiel. Son términos disyuntivos, contrapuestos, no hay puntos intermedios. Una chica es lista o es fiel. Claro, a no ser que la chica lista se haga la tonta para pillar cacho, que, como la cosa está muy mala, algunas tienen que bajar mucho, pero que mucho, el listón y en los estadios, en los bares hay mucho hombre concentrado y mucho abrazo y mucho frufrú y mucho saltito y hay que estar a la que salta. Preparada, lista, ya. Chica lista, madridista o lo que haga falta.

          Y algunas, las pobres, llevan así de listas y a verlas venir desde hace décadas. Porque de lo que no se dan cuenta es de que acaban, como las "penínsulas", rodeadas de hombres por todas partes menos por una, normalmente la más interesante.

          Y, luego, al final, ese toque heráldico, "Siempre fieles", Semper Fidelis, pero que aquí y visto en conjunto tiene el tufo machista del "eau de fritanga".

          Sólo hay un ser en el censo universal que merezca lucir semejante bufanda: el caniche de Paris Hilton.

          La leyenda, más que una expresión de orgullo parece un centón de nobles virtudes caninas, más propio para la chapa de un collar de perros que para una bufanda. Y muy inherente al mundillo futbolero: las chicas, en el fútbol, sirven de mascotas, novias turgentes de futbolistas y contraportadas de prensa deportiva. Chica buena, chica lista, acércame esas zapatillas y muéveme el rabo. O mejor, cómemelo, cacho perra. Perra fiel, perraca.

          Y ese rosa imposible, bandera de su auténtico lugar en el mundo, el frente rosa, ese ejército que misteriosamente consigue que las patatas fritas estén en el cuenco, las cervezas frías en la nevera, y que pasa el aspirador, ahora no, cuando están sacando un córner.

          Podéis imaginar la lencería a juego. !El horror! !el horror! que diría Kurtz.

          Paso al segundo: Un anuncio de Gol TV donde una mujer de gesto firme y severo posa junto a un eslogan que traduce su pensamiento y reza algo así como "En algo soy el mejor del mundo, soy del Madrid" (A ver si mañana bajo a la marquesina a hacer la foto) Es decir, que en lo demás eres un don nadie, un inepto, un incompetente, un gusano, un inútil, un incapaz... y la única fuente de estima proviene del hecho de que eres del Madrid, o de la Roja, o del Barça.. Tu única satisfacción en la vida consiste en pertenecer a un rebaño, grey, parroquia en concreto que vocifera ciertas consignas y viste de cierto color, eso si no eres chica, que tienes que ir de rosa palo. ¡Ah! y no se te ocurra ponerte a pensar y darte cuenta de que estás en ese rebaño y no en otro (¿contrapuesto?) por puro azar, siguiendo la ley del caos. O pensar que las consignas son erróneas. O pensar y punto.

          Con lemas así aprendemos lo bien que se vive cuando otros piensan y deciden por ti. Porque el fútbol es eso, un receso del pensamiento, un obstáculo en que éste tropieza.

          Paso al tercero: sólo a la élite del fútbol, larva, espejo y escuela de fascismo se le podía ocurrir destilar una propuesta semejante:

          Una cuota racial en la selección Francesa de Fútbol

          Y esto es sólo una pequeña muestra del tipo de la bajeza moral e intelectual que nos espera en un mundo que, ante un horizonte de escasez de recursos, propone echar salvavidas sólo a los nuestros, separando a seres humanos por colores, como los lacasitos, como en el fútbol.

          Emulando a Víctor Frankenstein, estamos desenterrando cadáveres para juntar los trozos y devolver nuevamente la vida a una criatura monstruosa: Hitler. El hombre que para acabar con los que él consideraba bárbaros se convirtió en el mayor de todos.

          El miedo y el odio son una mercancía tan peligrosa, tan inflamable, tan contagiosa, y tan explosiva que deberíamos considerarla munición de guerra. Y últimamente nos estamos armando hasta los dientes y eliminando los escrúpulos morales a la hora, por ejemplo, de vitorear un asesinato de estado en todas regla, relatado prácticamente en directo.

          ¿Nadie siente que no sólo se han sobrepasado todos los límites sino que se han pisoteado, borrado en ese alarde pormenorizado de la tortura y el crimen de estado que ha sido la ejecución de Bin Laden? !Y batiendo palmas! Como en el fútbol.

viernes, 18 de marzo de 2011

Llegarás a Presidente, chaval.

           Tengo un nuevo compañero de oficina, jovencito, adicto a la casuística salmón, y que gusta de entrar y salir mucho del despacho del director. Se cree, el pobre, que ha entrado en la casa de Gran Hermano, y se muestra muy preocupado por la posibilidad de ascender en la empresa. Yo intento consolarlo, y sosegar su impaciencia al respecto: "Tu tranquilo, llegarás muy alto: eres un gilipollas integral".


           Cuando un niño no sueña con ser astronauta o explorador, sino jefe, padece un severo problema mental.

           Y es que hay que desengañarse de una vez por todas: la archiconocida frase "mi jefe es un idiota" no es puro fruto del azar, ni el choque fortuito de descomunales convergencias cósmicas a la deriva, no tuvo usted tan mala suerte, no resulta una excepción, más bien, y muy al contrario, se trata, desde todos los puntos de vista imaginables, de una constante universal.

           Y lo expreso de la forma más atenuada de que soy capaz, porque estoy convencido del hecho de que se trata verdaderamente de un axioma.

           Cada vez que me presentan un jefe, cada vez que "zarpamos en esta nueva y apasionante singladura" (la del Titanic), sonrío y ofrezco la mano, como es debido, con sumisión proporcionada a la situación y escucho sus palabras entusiastas (las del Titanic: "esto no lo hunde ni dios"), y todo ese galimatías de los retos y de las metas con leves asentimientos repetitivos.

           Sin embargo, por dentro, me hago cruces y me pregunto con qué magnitud de incompetencia tendré que lidiar esta vez (la del Titanic) , y si seré capaz de contener las vías de agua de su ineficacia (las del Titanic), o de adaptar las consignas a algo epistemológicamente cercano a la realidad (el iceberg con que chocó el Titanic), siguiendo el principio según el cual insinuar algo remotamente parecido a la verdad resulta de todo punto inaceptable.

           Refutar este principio más que excepcional tiene visos de rareza extrema.

           Decía Goethe que todo en el mundo es una metáfora, y el hecho de ser jefe no se sustrae a esta verdad. Más que una simple categoría concreta en la organización del trabajo, ser jefe constituye un estatus metafísico. El más cercano al cretinismo que existe.

           Ser jefe consiste en llegar, en el universo laboral, a ese punto geosincrónico o punto de Lagrange, donde las fuerzas gravitatorias se equilibran y para obtener el movimiento ya no hay que saber nada (solo se transmiten las instrucciones), no hay que hacer nada (salvo decir a otros que lo hagan) y no se tiene responsabilidad sobre nada (pues la incumbencia siempre es de los técnicos, de los de arriba o de los de abajo). Ser jefe consiste en llegar a ese punto donde la jurisdicción tiende a cero.

           Y ese estado, ni sólido ni líquido, de jefe, no se trata sino de una etapa intermedia en el largo ascenso del hombre hacia el nirvana de la arrogancia.

           Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, parece que el mundo, al menos en las sociedades occidentales, sufrió una alarmante escasez de pobres, un acusado descenso del odio, del miedo, de las necesidades perentorias, debido al auge del estado del bienestar, y a la falsa creencia de que todos tenían derecho a disfrutar alegremente de la riqueza, propiciando de este modo la decadencia social, el ocaso de la civilización y el florecimiento de alternativas culturales, vitales y hasta científicas disolventes. Y estoy hablando de los años '60.

           Las exiguas filas de los muertos de hambre, y la suavidad y ocasionalidad de su rigor, verdadera llave de las intrínsecas virtudes de la sumisión, el servilismo y hasta la abyección necesarias, no permitían fraguar los firmes cimientos de la jerarquía, y, lo que es peor, ponían en peligro la correcta circulación de la riqueza hacia donde nunca debió dejar de fluir, es decir, a las altas esferas. Porque es de todos sabido que la más abundante e inagotable fuente de riqueza es la miseria ajena.

           Entonces llegó el momento de un líder fuerte. Mano dura y mal carácter. Y el mundo se atiborró de líderes fuertes, grandes estadistas, y referentes morales (desde finales de los '70). No hace falta poner nombres.

           Y no sólo del líder fuerte, sino de la eclosión del liderazgo como doctrina social y manual de virtudes individuales.

           Tantos años inculcando los exámenes de conciencia, pecados originales, religiones degradantes, televisiones con basura no reciclable, escuelas basadas en la competencia, el castigo y el insulto, haciéndonos responsables únicos de nuestra ignorancia y pobreza, que nos han convencido de tal manera de lo poco que valemos, que nos llega a parecer superflipante y totalmente esferulante la figura del líder, ese ser que ha sabido auparse por encima de las penurias cotidianas.

           Pues, señores, otro desengaño: ese señor es un miserable. Lógica y etimológicamente, el productor de dicha miseria.

           Como premisa, si logras convencer a alguien de que es idiota, de lo irrelevante que es su trabajo, de lo poco que merece su salario o su descanso o su bienestar, de lo intrascendente e indigno de su vida, y de que, por contra, hay un mundo mejor (al que nunca accederá ni él, ni sus hijos, ni sus nietos....) , para los hombres dotados de sutiles actitudes mentales y espirituales triunfadoras, que sienten en su rostro la brisa del destino y la transcendencia, y acceden, como si tal cosa, a la eterna fiesta de la abundancia, entonces, tienes en tus manos un resorte mucho más eficaz que una tanda de latigazos o unos grilletes. Y además haces caja con la venta de unos libros al tiempo que convences a alguien de que se autoayuda cuando, en realidad, lo telediriges.

           Los manuales sobre cómo potenciar el liderazgo ("liderato" dicen algunos comiéndose un "bocata") responden a este esquema hasta la hilaridad, abundando en el absoluto desprecio a la condición humana común y natural , e intentando fomentar habilidades que podrían calificarse de estúpidas cuando no de psicopáticas, llegando en muchos de ellos a ofrecer sustancias estimulantes, porque debe ser que estamos de los nervios, pero poco estimulados. Todo ello con el único horizonte de adaptarte, de responder a un "perfil" que ya está preestablecido y que otros han decidido por ti.

           Y de no llevar a cabo esta actualización del software con la suficiente docilidad o entusiasmo, está previsto el castigo eterno del fracaso, lugar común de ayer, de hoy y de siempre para los disidentes del pensamiento único, que para algunos es su único pensamiento. Y aquí volvemos al punto 1 donde tu vida era una mierda.

           Y luego tengo que oír eso de que ya no existe la izquierda y la derecha. Será, pero, como dice El Roto, sigue habiendo arriba y abajo. Esa frontera, borrada, de tan pisoteada que está por las acometidas de algunos hacia el centro, está tan clara como siempre: la gente de derechas está, de una forma u otra, comprada, y la gente de izquierdas está vendida.

           Por poner sólo un ejemplo. Ninguno de los que defienden la energía nuclear a ultranza, los que creen que es moderna, científica y responde a las necesidades económicas, va a agarrar las mangueras de Fukushima, ni van a encapsular con sus manos el reactor de Chernobyl. Para eso está la carne de cañón, la carne asada por el uranio, la carne de yugo, la carne de trinchera y de paredón de los Senderos de Gloria.

           Sencillamente, los que recogen los beneficios de la energía nuclear, no son los que pagan las facturas ni las consecuencias. No pagan siquiera la instalación de las centrales, o su desmantelamiento, que corren a cuenta del estado, ni los seguros por las responsabilidades por posibles accidentes, ni el tratamiento durante los miles de años que siguen activos los residuos generados.

           En su propaganda idílica de un futuro ecológico de la mano de la fisión nuclear, fuente de una energía limpia, invisible, segura y renovable como el anuncio de un salvaslip (también limpio, fino, seguro y renovable), se les olvidó preguntar a qué huelen las nubes. Radioactivas, se entiende. Pregunta a la que quizá, a lo peor, pronto puedan responder los tokiotas.

           Kenzaburo Oé, Premio Nobel de Literatura en 1994, ha ofrecido algo parecido a una réplica: luchar toda la vida contra la estupidez y contra la arrogancia.


            "La nuestra es esencialmente una época trágica, así que nos negamos a tomarla por lo trágico. El cataclismo se ha producido, estamos entre las ruinas, comenzamos a construir hábitats diminutos, a tener nuevas esperanzas insignificantes" comenzaba El amante de Lady Chaterley. Años 20. Postguerra mundial. Esperanzas insignificantes.


           El mundo, !esa metáfora!, se desintegra.

Pero tu no te preocupes. Tu llegarás a presidente, chaval.